lunes, 20 de octubre de 2014

Diario de Aventura

            Yo, Arem Holf, me comprometo a que todo lo narrado aquí es veraz y, si algo falta a ello, es porque he sido víctima de un engaño o mala interpretación de los sucesos.

Tercera jornada

            Conscientes del problema que suponía haber liberado a un cambia formas de su prisión, los cuatro norteños —Mudo, Scalda, Elegido y yo, Arem— espoleamos a nuestros recios corceles por las empinadas lomas de Orenheim y sus fríos caminos hasta alcanzar Crossroads. Para quien lo desconozca, Crossroads es una ciudad rodeada de barriadas formadas con viejos carromatos transformados en casas; esa parte de la ciudad parece temporal a primera vista. Tras sus murallas la configuración es propia de un centro con mucho trafico comercial.

            Esta ciudad era el primer lugar grande tras Highorn. Supusimos que el bullicio y el buen comercio favorecerían que alguien parase para equiparse y luego pudiese pasar desapercibido. Nos encontramos con un gran problema, pues no sabíamos por dónde empezar; por fortuna contábamos con las habilidades de Mudo —hasta este momento, y dada su constante reticencia a hablar, sabíamos poco o nada de sus talentos, salvo que dedicó su juventud a estudiar la magia— fue capaz de adivinar de algún modo arcano cuáles serían sus primeros pasos.

            A toro pasado puede parecer evidente, pero en aquel momento no teníamos tan claras sus prioridades; guiados por la clarividencia de Mudo, decidimos poner dirección al mejor lupanar de todo Crossroads. A desgana oculté mi sobrevesta y preferí montar guardia a la puerta. Haber luchado por el honor de mi hermana y tener una madre fuerte, así como cierto orgullo de guerrero, hacen que no me gusten las prostitutas. Por otro lado, considero que alguien de buena familia no debe frecuentar esos lugares; aunque lo hagan, claro.

            Así fue cómo conocí a un mandingo, que como yo montaba guardia a la puerta, un plebeyo acostumbrado a usar un lenguaje burdo y con un abuso absoluto de la confianza en los extraños; ignoré sus chanzas con paciencia. Desconozco lo que sucedió allí dentro, pero en un momento se hizo llamar a un buen numero de profesionales. Más tarde, la regente del lugar fue al mercado a por una gran cantidad de fruta. Quiero suponer que esto puso sobre aviso a mis compañeros, aunque me temo que fueron otros los motivos para necesitar tal cantidad de servicios.

            Tras todo esto, Scalda salió y nos dispusimos a reunir información en otro lugar. Mientras buscábamos alguna pista por el mercado, los ruidos de una reyerta nos interrumpieron incluso antes de que pudiésemos iniciar nuestras indagaciones. Corrimos hasta el lugar, donde una muchacha de apenas dieciocho años se desangraba en el suelo. Elegido y Mudo habían sido detenidos como presuntos responsables. Por desgracia, el golpe que le habían asestado fue tal que para cuando logré atenderla ya era demasiado tarde y su alma, al morir en combate, iba camino de Valhalla.

            En un primer momento sospechamos que la joven era el cambia formas, pero el examen póstumo que realicé lo descartaba totalmente. En este momento, y estando en el hogar de mis dioses, resultaba evidente que Loki disfrutaba viendo cómo un elegido de su padre se convertía en un asesino de inocentes. Mientras velaba por el cadáver, Scalda ideó un ardid con el que liberar a nuestros compañeros. Fue tan elegante en su ejecución y astuto en su plan que a partir de ahora sí considero que su nombre es relevante; Harald, así lo nombró su padre.

            Pese a todo, nuestros compañeros son gente de voluntad firme y Elegido tuvo que ser engañado para que aceptase la libertad. Por su parte, Mudo prefirió permanecer encarcelado. Por algún extraño motivo creía que aquel lugar le facilitaría encontrar su libro de conjuros robado. Cuándo se lo sustrajeron es algo que no está claro y no es relevante para lo que viene a continuación. La noche de ese mismo día, cuando nos disponíamos a un breve descanso antes de continuar nuestra investigación, un grupo de ladrones vino a nuestra posada.

            Heindall, siempre vigilante, hizo nuestro sueño ligero y nuestro oído agudo. Y los sutiles pasos de aquellos pícaros que pretendían robarnos nos pusieron sobre alerta, por lo que pasamos a la acción. Protegí a nuestro buen posadero mientras mis compañeros reducían en pocos latidos a los asaltantes. Capturando a uno de ellos, Elegido —que como buen guerrero sabe ganar una batalla sin blandir su arma— doblegó su voluntad y supo sonsacarle quién los enviaba. Este desliz era la clave para localizar al cambia formas.

            Aquí surgió un terrible problema. El embuste de Harald daba por muerto al cambia formas, cuando no era así. Para cubrir su rastro, el astuto truhan se había echo pasar por el mandingo del que hablé con anterioridad. Elegido, creyendo compinchado con nuestro perseguido fue con toda la fuerza de quien hace justicia, pero no era así. El mandingo resultó ser un bailarín, de echo ni el arma con la que montaba guardia era real. No negaré que no me pareció adecuado que la situación le recordase su lugar, pero me vi obligado a romper mi silencio.

            Hasta el momento simplemente no había sacado de su engaño a Elegido; la premura de la situación y no ser consultado en ningún momento me ahorraron el tener que mentir. Cansados, regresamos a la posada, donde Elegido volvió a interrogar al bribón que pretendió robarnos. Esta vez le sonsacó dónde encontrar a su jefe. Planeamos el día siguiente y, en un acto de piedad que solo un hombre de gran corazón haría —Elegido— liberó y dio un dinero a aquel ladrón para que pudiese reencauzar su vida. Yo, conocedor de los de su calaña, habría sido menos generoso.

            A primera hora solicité audiencia con el jefe de la guardia de Crossroads, de nombre sir Ander. Me alegró tratar con un igual; la conversación fue rápida y razonable. Sin perder el tiempo en pormenores se puso bajo mi custodia a Mudo. Como muestra de agradecimiento hice un pequeño donativo, algo simbólico, para que la guardia pudiese renovar su equipo. Como ya he dicho antes, Mudo es poco hablador y cuando habla no es para ser agradable precisamente; había recuperado su libro y preguntó por algo que desconocía.

            En esta parte, por razones de privacidad, no seré muy preciso, pero logramos reunirnos con el señor del gremio de ladrones, alguien realmente profesional. Su moral podría ser discutible, pero su ética laboral era intachable. Sin embargo, las tensiones acumuladas se cobraron la frágil unión entre Elegido y Mudo; jurándose enemigos irreconciliables se separaron. Tras apañar un acuerdo con el líder gremial calló la noche y acabamos por tener una reunión bastante tensa con el cambia formas.

            No era otra cosa que un tiflin; astuto, eso sí, pero con demasiados lazos pendientes.

            Desesperado, trató de comprarnos un pergamino mágico que abandonó a su suerte en las ruinas élficas, pero Harald nos había advertido del peligro que suponían aquellos pliegos así que con un hechizo lanzado al aire y una negativa en firme la reunión acabó. Resultaba evidente que sin el pergamino se consumiría y los pactos realizados devorarían su alma. En mi opinión, aquella criatura era un cadáver en vida y ayudarlo a morir poco antes no sería justo, pues su desgracia era un gran ejemplo de lo que no debe hacerse.

            Elegido había hablado con la madre de la joven. La culpa del asesinato caía sobre sus hombros al punto de encorvarlo y cegar su poca razón. Dispuesto a resucitarla o, al menos, intentarlo, alquiló una carreta y se encaminó a Highorn. Según se decía, Vultan Tumbalomas era capaz de devolver la vida a los muertos. Pero como es evidente un desgraciado accidente no es suficiente para que magia tan poderosa sea conjurada. Totalmente derrotado, Elegido tomó la decisión de buscar por su cuenta una forma de derrotar al temible dragón rojo.

            Con la palabra de buscarlo si encontraba el medio y una carta con la que mi familia le ayudaría en una ocasión, volví a Crossroads para celebrar la cremación de la joven. De poco sirvieron mis palabras de aliento y mis mentiras piadosas de que la joven no deseaba volver porque ahora bebía junto al gran padre tuerto. Antes de regresar al gremio de aventureros tuve un encuentro con el líder gremial, menos tenso; me pareció la persona adecuada para solventar los problemas de asaltantes en las rutas familiares.

            Entiendo que los negocios pueden implicar mancharse las manos; tratar con esta gente no me resulta un problema, es un sacrificio que hago por mi familia. Como cuando juegue mi dignidad y futuro en una liza bastón en mano. Lo que me supo mal es el egoísmo que vi en aquellos dos hombres, incapaces de respetarse o entenderse, ya no se hable de cooperar. Entiendo que este camino lo recorro para prepararme para ese combate a bastón, pero veo lo lejos que se encuentran muchos de las enseñanzas de mi patrón, Tyr, y no puedo evitar sentirme algo alicaído.

Nota: La idea original, así como los personajes que no son Arem no me pertenecen. Esto la adaptación de una partida de rol.

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