lunes 26 de octubre de 2009

La Sonrisa del Arlequin I

Bueno, hoy voy a poner el primero de una serie de relatos cortos sobre los Eldar, busco exponer sus costumbres y formas de actuar, más que una trama profunda. Comentad con lo que os parezca.

I

Los ojos de Alai-Cieln Naibel Dorin miran fríamente a los mon-keigh capturados, la mayoría bajo la mirada, uno de ellos la mantuvo firme e impasible, desafiándole. Un segundo no apartaba los ojos de este primero. Finalmente la pareja de marines lo miraban con odio.

Alai-Cieln camino frente a ellos lentamente, buscaba que grabaran en sus retinas su aspecto. Alto, fuerte, con una larga melena dorada que caía sobre sus hombros, ojos azules, delicadas cejas que se contra ponían con lo aguzado de sus pómulos, su boca era pequeña con labios finos y pálidos. Sus dedos eran largos y por ello parecían más huesudos de lo que correspondería a un Eldar de su constitución. Bestia una túnica bastante escueta que mostraba su pecho, le encantaba mostrar su expendida forma física, y calzaba unas simples chanclas.

Se detuvo frente a los marines, normalmente incluso el tendría que mirar para arriba si quisiera mirarle a la cara, pero ahora los habían despojado de sus armaduras y los mantenían de rodillas con las manos inmovilizadas a su espalda.

Alai-Cieln no alcanzaba a comprender la totalidad de los planes del vidente Alai-Fennairm pero había salvado las vidas de los mon-keigh en aquel planeta infestado de orkos, por ello ahora una cantidad ingente de vidas de esa raza se encontraban abordo. Lo único que le encontraba un valor estratégico era esa precaria navecilla donde habían llegado los marines. Pero Fennairm veía mucho más aya del común de los Eldar. Cieln podría urdir un plan intrincado pero no sabría de los giros del destino, así es que con los años había aprendido a confiar en cierto grado en sus intrigantes consejos.

Le mantuvo la mirada unos momentos y se dirigió al marine en un Gótico rudimentario:

-No hablo bien tu idioma, pero espero que comprendas esto.
-¿El que escoria xeno? -Interrumpió el marine – Que sois unos caprichosos, Fingís salvarnos para luego apresarnos, no xeno, a mi no me engañas. -El enorme hombre se había incorporado.
-Lo que veo es que tu mente esta confuso... perdón, confusa. Si quisiéramos veros muertos nos hubiéramos limitado a mirar como moríais patéticamente frente a esos orkos. Sin embargo, pagasteis muestra ayuda con fuego de… daka daka... -El marine preso de la rabia trató de abalanzarse sobre el Eldar, pero el guardián que lo vigilaba lo obligó a clavar la rodilla en el suelo. Alai-Cieln sonrió disfrutando de la situación.- Suelo confundirme con el bolter de los orkos, son tan rudimentarios ambos. -Izo una pausa. - Es evidente que no queréis negociar, ni entrar en razón. Miro al Eldar que los mantenía de rodillas.- Llevaos a esta escoria -Dijo ya en Eldar a los guardianes.

Cuando sacaron de la sala a los campeones del Emperador Alai-Cieln se dirigió al otro mon-keigh que mantuvo la mirada.

-Dime, humano, ¿también piensas que disparar contra tus salvadores era una buena idea?
-No, almenos desde un punto de vista táctico.
-Bien, supongo que como militar sabes lo que es obedecer ordenes.
-Supones bien, xeno.
-¿Tanto te cuesta pronunciar Eldar, mon-keigh? El idioma de tu raza es tan burdo y sencillo que muchos lo aprendemos como parte de nuestras sendas de la guerra, como el orko. Sencillos y carentes de vocabulario. Con la infinidad de razas que habitan la galaxia, solo tenéis una palabra... así nunca... -Dijo con fingida molestia en tono paternal.
-Para xeno, soy tu prisionero, no alguien al que puedas aleccionar.
-Magnifico, perspectiva... ¿quieres que valla al lunar?
-Se dice grano, xeno. Y si, es lo que quiero.
-Bien, como dije, sigo ordenes. Debes elegir quien vive y vuelve al imperio.
-¿Donde esta la trampa xeno?, si fuese así diría que todos.
-Puedes elegir entre los civiles, los marines o tus hombres. Si no hubieseis abierto fuego... tantas vidas malgastadas... -dijo ahogando una mezcla de furia y dolor.- ahora mismo estaríais en Terra rezándole al emperador o esas cosas que hagáis los mon-keigh.
-Ni los civiles ni la guardia son responsables de esa acción.
-Y... ¿los marines aceptarían que sus acciones condenaron a todas esas vidas? -Pregunto Alai-Cieln con tono de saber la respuesta.
-Ellos no las valoran del mismo modo, creerán que murieron por el emperador.
-Entonces... ¿sacrificarías a los marines?
-No puedo elegir... son demasiadas vidas... -El hombre bajo la mirada con aire derrotista.

Alai-Cieln se irguió al ver entrar al vidente Alai- Fennairm. Este le hablo en su idioma natal.

-¿Que han elegido?
-No se ve capaz.
-Solo necesito unos pocos, ofrece le el sacrificio personal.
-Como gustéis mi vidente.

Alai-Cieln poso la mano obre el hombro de aquel hombre.

-Hay una opción de que salves a todos.
-Realmente sois perversos, nos engañáis para que aceptemos vuestros planes... no me engañas, pero si con ello los salvo... -Trago saliva- Quiero tu palabra Eldar.
-Tu y un grupo de voluntarios os quedareis aquí. Tienes mi palabra, seréis mis invitados. -Dijo con un tono frió como el hielo.
-Cuente conmigo mi señor. -Se apresuro a decir el joven que lo observaba. El hombre sonrió frente a la fidelidad del recluta, cerró los ojos y asintió con la cabeza levemente.

Alai-Cieln hizo un gesto a los guardianes para que los soltasen. Luego tendió una mano al hombre.

-Mi nombre es Alai-Cieln Naibel Dorin, Y estas abordo de una nave del mundo astronave de Alaitoc.


See U in Battle.

lunes 19 de octubre de 2009

La luna y la daga. I

El Rechazo

El pueblo Eldar siempre tubo por mayor defecto la arrogancia. Esto les costo su domino de las estrellas, sus dioses y su exilio a los mundos astronave. También son un pueblo estoico y valiente, cuando todo estaba perdido consiguieron prevalecer y ahora se enfrentan a un terrible enemigo ademas de los ya anteriores a su caída. Pero ahora con el tiempo de la humanidad en declive toda la galaxia arde en las llamas de la guerra, los humanos presa de el ferro control de los siervos del emperador lucha en cientos de frentes guiados por una fanática inquisición negándose a escuchar a cualquier otra raza de la galaxia. Por eso mismo los orgullosos Eldar que ven con ojos tristes como esta raza conduce hacia la destrucción total la galaxia. Por eso los tildan de mon-keigh una ancestral raza que asolo la galaxia y los Eldar tuvieron que combatir hasta su exterminio.

Ahora los mon-keigh ocupaban, expoliaban y destruían uno de los planetas que Eldar habían tejido hacia eones, estos mundos vírgenes fueron modificados para albergar las vida por los antepasados Eldar antes de su caída. Ahora olvidados en las profundidades de la galaxia a veces son tomado por otras razas invasoras. Dado que estos son los últimos planetas del antiguo reino Eldar estas intromisiones son severamente castigadas. En una de estas guerras era en la que estaba envuelta el mundo astronave de Biel-tan, era la hora del golpe final. No podían fallar, debía ser ejemplar y desolador, solo los muertos y las ruinas contarían la historia de los intrusos a su emperador.

El Concilio de Brujos se hallaba reunido en torno al vidente Biel-Eltnail Net´la. La situación era complicada y la inminente batalla necesitaría del mayor poder que podía ofrecer el mundo astronave de Biel-tan, tendrían despertar al avatar, los restos del antiguo dios de la guerra Eldar podía volver a caminar sobre los mundos durante breves periodos de tiempo, pero en esos momentos nada podía interponerse en su poderosa voluntad, su mera presencia volvía a los ya valientes guerreros de la senda en impasibles espíritus de la destrucción. Ahora debatían quien sería el Joven Rey, que es un valeroso guerrero que se sacrifica para dar su fuerza vital y así animar al poderoso avatar..

Tras largas deliberaciones la plenitud del consejo había aceptado tal sacrificio pero dada la falta de tiempo no se había buscado un voluntario y encontrá de la tradición el consejo decidía quien recibiría el, ahora dudoso, honor.

Entre los brujos y videntes de menor rango que formaban el concilio se hallaba Biel-Druonn Ceb´la, como psíquico apenas destacaba para el rango que poseía, pero poseía un ingenio y astucia sin igual cuando se trataba de discernir sentimientos e intenciones. Lo cual lo convertía en un magnifico detective. Las premoniciones eran complicadas de entender a la perfección y no siempre eran precisas en todos sus términos, así que estas habilidades le servían para de un modo más común adelantarse a las acciones de los demás. Generalmente la gente con estas dotes recorría otras sendas, pero Druonn siempre ansió la posición política de la que gozaban los videntes, aun que no la había alcanzado por su falta de potencial psíquico, su voz como brujo era respetada. Aun así no dejaba escapar las oportunidades de crecer, Druonn conocía la relación de Nathei, hija del bien posicionado Eltnail, con el guerrero Altheniar, también sabía que no la aprobaba y que brindarle la oportunidad de eliminarlo de la ecuación sin ser el quien lo propusiera lo encandilaría.

Eltnail dado que poseía la ultima palabra sobre las decisiones del consejo, este poder le era dado porque sus premoniciones y adivinanzas debían estar siempre por delante de las del consejo, este solo servia como una segunda opinión sobre estas. En la practica las decisiones solían negociarse hasta que la mayoría del consejo estuviese de acuerdo. Pero en esa ocasión Eltnail llevaba rechazando todas las propuestas, no parecía ser capaz de condenar a nadie a esa pena. Druonn dejó que la situación se tensase hasta agotar la paciencia del los presentes. Y finalmente se pronunció para salvar la situación, librar al padre del molesto amante de su hija y ganarse el favor del vidente.

- Vidente Eltnail, a lo largo de esta, ya larga, sesión de deliberaciones hemos visto muchos nombres, todos de valientes guerreros que aceptarían gustosos. Pero los ha rechazando por motivos que escapan a nuestra mente. Nadie mejor que usted para conocer esos entresijos de los hilos del tiempo. Yo aun no me he pronunciado, como es evidente e reflexionado mucho sobre lo que voy a decir y he concluido que el más adecuado sería Altheniar. -Hizo leve pausa para que todos asumiesen lo que había dicho, miró rápidamente a sus oyentes y prosiguió. -Ese joven tiene demasiada rabia interior, prueba de ello es que la primera senda que a tomado al llegar a la madurez es la senda del Escorpión Asesino, con especial soltura con la espada.- Hizo otra pausa -Combate más aya de lo que los rituales pueden proteger el alma del Eldar frente a la del guerrero. Por eso no sería bueno que medrase más o iniciase otra. Es vulnerable al caos, no debemos facilitarle a un guerrero tan hábil, ya que antes o después este sucumbirá. Pero si le permitimos morir con gloria su alma inmortal podrá descansar junto a su bien amado Khaine
- Sólo es un muchacho con ardor guerrero.- Protestó la joven aprendiz Nathei.
- Y vuestro amante, ¿o acaso creéis que el consejo no lo sabe? ¡Por el amor de Asuryan, lleva tatuados los versos de venganza de Khaine! Está condenado a traspasar el límite, no hacen falta predicciones poderosas para verlo.. Ésta es la forma de que al menos muera con honores. -Replico Druonn
- Está bien, así será. -Interrumpió Eltnail a la vez que se ponía de pie- Y tú, Nathei, no debes dejarte influenciar por tus sentimientos. -Dijo en tono conciliador.
- Pero, padre... -Una lagrima recorrió la mejilla de la joven.
- Ahora no soy tu padre, soy el vidente que vela por este mundo astronave. Sabes que debes aprender a diferenciarlo. El no hacerlo te vuelve débil. Y lo peor para nuestro pueblo, haces que yo me debilite y descentre. -El vidente retomó la compostura y se dirigió a la sala. -La decisión esta tomada. Que todo se realice según las tradiciones, no es necesario que nadie más sepa los pormenores de las acciones del consejo. Ahora poneos en marcha, hay mucho por hacer.

Los brujos y videntes se levantaron para salir en silencio, en cuanto el ultimo cruzó la puerta el murmullo de los disentían de la decisión se perdió por los pasillos. La sala quedo en silencio y padre e hija se miraron unos instantes. Entonces Nathei rompió a llorar un mar de lágrimas. Eltnail se acercó a su hija y la arropó con su brazo.

-¿Por qué tanto llanto? Mi hija, mi bien. ¿Acaso no comprendes que es la mejor de las muertes? No tendrá que yacer para la eternidad en una joya.

Enjugándose las lágrimas con las mangas de la túnica la muchacha miró a su padre.

-Eso que dices es mentira, no lo has dudado ni un instante, ya habías decidido mucho antes comenzar...
-¡Hija!, ¿acaso osas sugerir que antepuse mis intereses a los de Biel-tan? -Se levantó indignado -Me ofende de sobremanera.

Nathei se levantó y salió corriendo, cuando llegó a la altura de la puerta se giró y gritó desesperada:

-¡Pues vas a matar al padre de mi hijo!

Luego siguió corriendo para no volver a verlo. Eltnail tomó un asiento y allí permaneció sentado, como si de una estatua se tratase. Para los Eldar una de las mayores bendiciones es la llegada de un nuevo miembro a la familia. Ahora, el lo había privado de padre y ademas alejado a su hija, el ultimo rastro de su linea de sangre. Su madre murió hacía años dejándolos solos. Eltnail enterró su rostro entre sus manos y lloró desconsolado.

El brujo Biel-Yelk Lium era un hombre mayor, bajo incluso para su raza, y su pelo se había vuelto gris con el paso de los años, pero en su piel apenas aparecían algunas arrugas como marcas de expresión, sus ojos grisáceos brillaban con inteligencia. Bestia una intrincada armadura rúnica, de colores blancos, verdes y con algunos dorados. Varias gemas la adornaban y más de un centenar de runas la grababan. Caminaba entre el guardián de almas Biel-Ciet Al´ric y el exarca de los Escorpiones Asesinos Biel-Zennian Beild. Yelk. El primero era un varón de pómulos anchos y mirada nerviosa, juegueteaba con las mangas de su túnica mientras avanzaba un paso por detrás de los otros dos, era fácil deducir que no estaba cómodo con la situación, el segundo se erguía regio en su impresionante armadura, esta lucía impecable demostrando el buen hacer del Cantor del Hueso Espectral que había detrás de esta obra, descansaba una mano sobre el pomo de su espada mientras que con la otra gesticulaba, ni estos gestos ni su voz hacían notar su preocupación, pero la insistencia de sus palabras en que ese no era el proceder delataban sus intenciones. La comitiva se había formado con cuidado, un brujo temeroso del consejo y con la mente cansada como para tener perspectiva propia, un guardián de almas introvertido e inexperto en sus funciones y un rango superior de la senda que no conocía en persona al guerrero. Aun así ninguno se mostraba cómodo con las prisas y las irregularidades de sus ordenes.

La comitiva camino por los pasillos de los bloques de viviendas hasta la puerta de Biel-Altheniar y llamaron, este les abrió la puerta con cara sorprendida. Antes de que pudiera mediar palabra Biel-Yelk comenzó a hablar.

-¿Vos sois el valeroso Biel-Altheniar Fuinar. Guerrero de la senda del escorpión asesino?
-Si, así es, noble Brujo.
-Me enorgullece tu valor y determinación al tomar tan honrosa determinación. -Dijo en tal tono que más buscaba que lo escuchasen los transeúntes que el hombre con el que conversaba.
-No se de que habláis, pero creo que sera mejor tratar el tema en privado. -Repuso Biel-Altheniar mientras permitía se echaba a un lado invitando a entrar con un gesto de la mano.
-Si, supongo que deseareis cambiaros en privado.

Cuando entro el ultimo de la comitiva la puerta se cerro y el brujo tornó a una expresión más seria.

-Has sido nombrado Joven Rey. Así que vístete con las galas. -Biel-Ciet le tendió una delicada túnica de color blanco, con unas hiedras verdes a modo decorativo.
-¿Nombrado? ¿Desde cuando se nombra o concede tal honor?
-Nuevos tiempos joven guerrero, debemos adaptarnos a la guerra. Ella no cambiara por nosotros.
-¿Adaptarnos? He vuelto del frente hace solo unas horas, me mantuve informado. La presencia del Avatar no es necesaria. -Mientras hablaba busco la mirada del Exarca. -Vos debéis saberlo de primera mano. Alguien debió cometer un error, sabio Brujo.
-No, joven, las tornas han cambiado.
-La escoria de los mon-keigh a puesto en marcha una de las estruendosas maquinas de guerra. Un Baneblade, como sabrás se trata de un carro de combate super pesado. -Intervino Biel-Zennian.
-¿Desde cuando esas arcaicas maquinas son un problema para los cañones D o los Dragones Llameantes? -Replico Biel-Altheniar con congoja en la voz
-Costaría muchas vidas Eldar detener esa maquina, pero con tu sacrificio esto cambiaría, no solo las salvarías. Si no que con la mera presencia de Khaine abandonaran ese monstruo mecánico, dejándolo a nuestra merced no solo recuperaríamos nuestro planeta, si no que el imperio sufriría un duro revés y en un futuro esa maquina no podrá herir a más hermanos Eldar...
-Si nuestro dios nos perdona la falta de pulcritud en los ritos... si se salvan todas esas vidas... -Dijo mientras bajaba la mirada Biel-Altheniar.
-Solo una cosa más Joven Rey -Se apresuro a decir Biel-Ciet- debes dejar tus armas aquí.

Biel-Altheniar se limito a asentir con la cabeza

Tomo las galas ceremoniales y caminó con pesar a su cuarto. Allí se mudo y escribió entre lagrimas una carta de despedida para su amada. En ella le pedía que guardase su espada y la entregase a su hijo. La envolvió en una tela de seda y junto a la carta se la dio al Guardián de Almas sin mediar palabra.

La comitiva avanzo en silencio hasta las puertas de la cámara donde descansaba el Avatar de Khaine, allí el vidente Biel-Eltnail y su corte de Brujos comenzaron una breve oración al dios dela mano ensangrentada, mientras el Joven Rey recorría con la cabeza bien alta los últimos metros que lo separaban de su destino.

Entró en la cámara y tras él se cerraron las puertas. Hacía un calor asfixiante. Caminó con paso firme por una estrecha pasarela. Bajo ella un lago de metal fundido, enfrente el trono desde el que el avatar lo miraba inquisitivamente, era una mirada vaciá de todo sentimiento, se clavaba en el y junto con los gases, el incesante calor le hacían perder la consciencia, veía borroso y la barrera entre realidad y sueño se desdibujaba. Perdió el contacto con el suelo, a su alrededor solo veía el profundo espacio, cada paso era como caminar dentro del agua, pero su determinación no le falló y alcanzó el pie del trono que flotaba en medio de la nada.

Avanzó hasta el coloso e hincó una rodilla en el suelo inexistente, ofreciendo su arma ritual, mirando al suelo y apretó los dientes a la espera de un terrible dolor. El calor evitó que una lágrima mojase su rostro. El dios se levanto de su trono y camino alrededor del guerrero, parecía encogerse hasta alcanzar una altura similar a la del Eldar.

-Levanta, Altheniar, y muéstrame esos tatuajes que te condenan a esta muerte. - Sorprendido, el Eldar mostró su pecho. - Oh, ¿cómo la mejor de mis poesías puede ser tan letal como mi espada?- La voz del dios resonó jocosa y llena de un poder sin límites, sus ojos brillaban como ascuas en la noche.

Acercó su mano ensangrentada al pecho del Eldar y grabó con sangre runas de odio en su pecho. Un dolor indescriptible lo obligó a curvar la espalda. Como una res marcada con el duro hierro, se desplomó dolorido. Khaine volvió a crecer y ahora brillaba como un centenar de soles, son un fuego frió que en una llamarada lamió la sangre de las runas y las convirtió en tatuajes. Tras esto se sentó.

- Podría tomar tu alma y caminar a la batalla, pero tengo algo más grande para ti. Ve, vive, y dile a esos cobardes del Consejo que hoy sólo podrán valerse de lo que les instruí. Te culparán de ello, pero no seré yo quien trunque tu futuro porque alguien te envidie.
- Como ordenéis, mi señor, eso haré. -Dijo con un terrible esfuerzo de voluntad.
- Bien hijo mio, bien. Se que lo que te espera sera duro y largo. -La voz de su dios era reconfortante- Pero quiero que sepas que tu hijo crecerá sano y orgulloso de su padre.
- Gracias mi señor, me dais fuerza para cualquiera que sea mi destino.
- Espero que así sea... espero que así sea... la voz de su señor se desvaneció al igual que su consciencia.

Cuando se recupero se encontraba tendido sobre la fría nieve, aturdido se levantó. Le dolía la cabeza, el pecho le ardía y tenia las articulaciones entumecidas. Se llevó la mano al pecho y fue entonces cuando se percato de que tenia puesta una armadura.

Todavía conmocionado observó a su alrededor, había un rifle de precisión, una pistola shuriken y una capa de camaleonina. Lo habían abandonado, con el equipo de un vagabundo, sin siquiera poder decir adiós a su amada, o sus armas. Como si de escoria se tratase, solo en un planeta helado y con el equipo de los que no quieren vivir con su raza. Lo habían convertido en un desarraigado, un paria... un desterrado. Contuvo la ira y recordó las ultimas palabras de su señor Khaine. El también deseo que así fuese.


Bueno, tenéis por ahí la versión vieja si queréis comparar los cambios. Creo que me a quedado mucho mejor, pero casi mejor comentáis y me dais vuestra opinión.

See U in Battle.

martes 6 de octubre de 2009

Sector 12, Distrito Alfa. 2

El veterano, de pose firme mirada tenaz y astucia innata. Sobre el se posaban doce pares de ojos nerviosos atentos a sus movimientos, expresiones, acciones. Cortando el silencio el veterano examinaba a los que habría de formar. Sus rasgos severos no mostraban expresión alguna, apoyaba sus fuertes manos sobre la mesa, vestía de verde, con un afeitado perfecto.

Se incorporó y dio unos largos pasos por la crujiente tarima, con pose regia comenzó a hablar.

-Muchachos y muchachas, no estáis aquí por vocación. Si no porque alguien vio que teníais un don. Yo tampoco estoy aquí por vocación, lo estoy porque tengo la experiencia. A lo largo de los próximos meses juntaremos ambas cosas, y os preparare para la complicada tarea de dirigir.

Hizo una larga pausa, estiro su uniforme, carraspeo y continuó.

-Aprenderéis muchas cosas, técnicas, acciones, como tomar decisiones rápidas, como evaluar situaciones. Luego aprenderéis una centenar de estrategias, como combatirlas y finalmente lo más importante a no usarlas.

La sorpresa asomo en algunos de los rostros, y el veterano mostró un leve sonrisa.

-Pero antes de empezar os diré lo que podéis hacer, lo que debéis hacer y lo que no podéis hacer. Podéis, confiar en mi. Debéis, pensar por vosotros, dudar de lo que diga, sacar consecuencias de lo que aprendáis. No podéis callaros ninguna duda, dar algo por supuesto. Así que, preguntad.

Uno de los aprendices levanto la mano. Pregunto por qué aprenderían a no usar lo aprendido.

-Sencillo, porque os ara predecibles. Recordad que no sois los únicos a los que se les a instruido en estas lecciones.

El hombre del uniforme espero un poco y continuó.

-Empezareis a aprender desde el inició, se os han facilitado unas listas con los libros que debéis leer, quiero que cada uno escoja un titulo diferente, y según lo avance en su lectura comente sus impresiones para contrastarlas con las otras lecturas. Así que poneos en marcha, por hoy es todo.

El veterano salió del aula y fue a su despacho, en su correo un sobre canela lo esperaba, dentro en inmaculado blanco y plegado en tres una llamada que nunca pudo resistir. Su deber.


I see U in battle

sábado 26 de septiembre de 2009

La luna y la daga. Pre-cuela

Hola gente, hoy os traigo la pre-cuela de La Luna y La Daga. Si la cosa marcha en un par de días pondré las revisiones de los capítulos ya subidos. Eh procurado ir explicando un poco más del trasfondo donde se desarrolla para que no sea tan árido. Eso si, es desde el punto de vista de los Eldar. Espero que os guste, aunque el principio es algo ñoño, pero creo que es un buen modo de presentar al personaje y sus motivaciones, orgullos y de más.

El descanso del guerrero

Biel-Nathei Net´la esperaba ansiosa frente al portal warp, llevaba esperando este momento meses desde el último encuentro que había tenido con Biel-Altheniar Fuinar, pero hoy estaba todavía más expectante su amado volvía después de su bautismo de fuego, una última prueba antes de ser considerado un Escorpión Asesino, un culto de guerreros especializados en el combate cuerpo a cuerpo, sigilo e infiltración. El entrenamiento los había distanciado en el espació, pero sus sentimientos ardían como el primer día, pero ahora se verían con más frecuencia, conversarían, se abrazarían y podrían al fin vivir su romance.

Emocionada como estaba, había llegado casi una hora antes de lo debido al lugar y caminaba inquieta. Según se fue acercando la hora aparecieron más Eldar, la mayoría mujeres, pues las sendas de los guerreros solían recorrerse casi en exclusiva por hombres con algunas excepciones como la del Espectro Aullante formada en su practica totalidad por mujeres.

Esto era debido a las enseñanzas de Khaine el dios de la mano ensangrentada, el había enseñado a luchar a los Eldar hacia mucho tiempo, formando las primeras sendas, guerreros increíblemente ágiles y especializados. Pese a que enseñó a toda la raza por igual, esta ha ido adquiriendo esta tendencia, aunque por lo general el individuo no es el mismo o la misma que el guerrero. Antes de la batalla y para preservar sus almas los Eldar realizan una serie de rituales que los aislá de los horrores de la guerra y pasan a convertirse en guerreros de la senda.

Además, debido que venían de la batalla, muchas familias esperaban el retorno de sus familiares y como algo inamovible en casi todas las razas, las madres siempre eran las primeras en aparecer.

Cuando sólo faltaban cinco minutos la sala estaba llena y la tensión envolvía el ambiente. Nathei se alegró de tener un puesto entre las primeras filas. Su pulso se aceleraba y la impaciencia se adueñaba de ella.

El portal formaba medio arco y en su punto más alto una gran punta adornada con una gran gema comenzaba a condensar la energía; cuando ésta se cargó por completo, proyectó un rayo hasta el centro del portal y éste comenzó a expandirse hasta formar un resplandeciente óvalo, por él salió el Autarca Biel-Kilmeth Olnev. Como era tradición, y por no hacer esperar a las familias de las víctimas, se entregarían las gemas del alma de los caídos. Estas gemas albergaban las almas de los Eldar muertos para que no fuesen absorbidas por los demonios de la disformidad y torturadas por toda la eternidad.

Con tono solemne comenzó a recitar los nombres de los héroes, apenas habían caído unos pocos, aun así cada uno era una tragedia para una raza tan poco numerosa.

Dada la avanzada tecnología que poseían podían cerrar las heridas más graves en apenas una horas, pero seguían sin poder hacer nada cuando ya había acontecido la muerte médica.

Cuando hubo terminado y entregado las joyas espirituales a sus familiares, los victoriosos guerreros atravesaron el portal, pese a la tristeza por los camaradas caídos, marcharon llenos de orgullo. Habían prevalecido, portaban la victoria a su mundo astronave y hoy serían los héroes.

Cuando Biel-Altheniar Fuinar salió por el portal, vestía la resistente armadura del Escorpión Asesino, portaba sus armas y sostenía su yelmo con mandilasers en su brazo derecho. Recorrió con la mirada la amplia estancia hasta que vio a su amada Nathei, sus preciosos ojos azules brillaban por la emoción. Era una hermosa mujer, de algo más de un metro sesenta, con una larga melena rizada de color dorado con reflejos cobrizos, la llevaba recogida en unas largas trenzas a la espalda unidas por un coletero enjoyado. Tenía una delicada figura bien torneada, cubierta por una delicada túnica con un leve escote, sobre su pecho brillaba su joya espiritual, la túnica se abría a la altura de las rodillas permitiendo ver las esbeltas piernas, calzaba unas sandalias y en su tobillo izquierdo tenía una delicada cadena de brillante plata.

En aquel instante un centenar de parejas corrieron a abrazarse, Altheniar y Nathei no fueron menos. Cuando estuvo cerca se lanzó a sus brazos y Altheniar la recogió, se besaron durante un momento que les pareció eterno.



Unas horas más tarde, cuando el guerrero ya había podido quitarse la armadura, asearse y comer algo, los amantes disfrutaban de su intimidad. Nathei yacía dormida en la cama, cubierta por una delicada sábana de seda, que marcaba la suavidad de sus curvas.

Altheniar la observaba apoyado en el marco de la puerta, vestido solamente con unos pantalones de pijama. Había soltado su larga melena negra y lisa, tenía unos rasgos marcados y las orejas algo más puntiagudas que la media de los Eldar. Medía algo más de un metro setenta, rozando casi los ochenta. Estaba en buena forma, como fruto de su entrenamiento su cuerpo era bastante musculoso para su raza, sin embargo a los ojo de un mon-keigh sólo sería un hombre fibroso, en su pecho con refulgentes tintas estaban tatuados los versos de venganza de Khaine, en su antebrazo derecho la runa que identificaba a los Escorpiones Asesinos, a partir de ella y rodeando el antebrazo las runas que nombraban el planeta y el templo donde recorrió la senda. Trepando por sus gemelos unas zarzas verdes, símbolo de su mundo astronave. Pese a su poca experiencia como guerrero diminutas cicatrices salpicaban sus manos, torso, brazos y piernas. Pese a que los entrenamientos se hacían con protecciones, ya había participado en pequeñas refriegas donde se empleaban armas reales, así como en las cazas rituales, que se llevaban acabo sin armadura contra animales salvajes.

Caminó hasta la cama y despertó con un beso a Nathei, ésta se revolvió para ponerse boca arriba y se quedó mirándolo durante unos segundos.
-Altheniar, hay algo que deseo decirte, al poco de que te marchaste.
-Dime, sabes que siempre tengo oído para tu dulce voz. ¿No será otra vez algo sobre tu padre?
-No mi amado, de hecho creo que podría cambiar su actitud.
-¡Oh! ¿Qué buena nueva es esa?¿Qué es lo que puede permitirnos ser felices sin trabas? Dime, no me tengas en vilo. -Dijo Altheniar mientras se le iluminaba la cara.
-Bueno, no sé si estás preparado... pero a mi me ha costado asumirlo -Nathei tomó aire -Estoy embarazada. -Dijo soltando aire y sintiéndose como si acabara de quitarse un gran peso de encima.

Altheniar se sentó con un golpe seco en la cama y tardó unos segundos en reaccionar.
-Mi bien amada... eso es tan... por los dioses, soy tan feliz, nunca imaginé recibir tanta felicidad en tan poco tiempo.

La cogió de las manos y la beso profundamente.


See U in battle.

Pd: Dejad comentarios que sois unos sosos.

jueves 3 de septiembre de 2009

El beso prohibido. beta 1

Los cristales de la habitación estaban empañados, hacía ya unas horas que no se renovaba el aire y éste mezclado con los vapores de la cachimba habían cargado el ambiente haciéndolo pesado y difícil de respirar. La estancia era pequeña, con las paredes empapeladas en tonos ocres y muebles de conglomerado. Una moqueta de un verde apagado cubría todo el suelo, en el centro una mesa pesada de metal sostenía la pipa y un par de sillones de terciopelo rojo raído la flanqueaban, en su pared oriental una puerta de madera oscura la separaba del resto del piso.

Sentados en sendos sillones se encontraba una pareja. En el más cercano a la puerta, un hombre de mediana edad se sentaba en el borde, apoyando los codos en las rodillas, se frotaba las manos mientras parpadeaba por el sudor que caía a chorros por su frente y le entraba en los ojos. Tenía una tez blanca y un tono de pelo rubio claro, los ojos eran azules. Vestía una camisa azul claro, que llevaba remangada con unos pantalones claros, se había descalzado al poco de llegar. Frente a él, y recortada por la poca luz que entraba de fuera, una hermosa mujer. Tenía una larga melena ondulada de un cobrizo brillante, sus cejas finas junto a unos labios finos y encarnados que sonreían delicadamente y unos brillantes ojos turquesa encajados en un rosto de perfectas facciones la envolvían en un halo de astucia. Con una figura perfectamente torneada se sentaba recostada, un traje negro se ajustaba a su figura mostrando un generoso escote y una falda ceñida que llegaba hasta las rodillas.

-¿Entonces, afirmas que el hombre creó a Dios? -Dijo el hombre estupefacto.
-Sí, es sencillo. Las partes del cerebro del ser humano donde se aloja la imaginación está muy próxima a una parte con un leve potencial psíquico.
-Pero, eso... ¿es suficiente para tal cosa?
-No, pero muchas ideas similares en muchas mentes generan una resonancia psíquica, cuando ésta llega a ciertos niveles la entidad llega a formarse. Ahora imagina si esta imaginación se alimenta con el miedo, el amor y la fe. Sólo con los miedos nocturnos de los niños han surgido entidades que se alimentan del miedo.
-Entonces, ¿qué pasa con los grandes miedos o deseos?

La mujer se inclinó hacia la mesa, dio una larga calada a la pipa y se recostó mientras exhalaba el humo.

-Bueno, de esa emanación que son los dioses surgieron otras criaturas menos poderosas que se fueron alimentando de los miedos, temores, vicios... En principio todo esto habitaba el mundo paralelo que se creó con esa emisión. La cosa es que con el aumento de la población mundial y la liberación de la moral ese velo que separaba los dos mundos se desmanteló.
-Eso es horrible, todos esos demonios corriendo libres por el mundo... -Interrumpió el hombre.
-No tanto, al ser un reflejo de los humanos, también cambió la existencia de éstos. Cuando el sexo, por ejemplo, dejó de ser un terrible pecado, los demonios que se alimentaban de él dejaron de ser necesariamente malvados. Así que todo se cubrió de tonos grises. Además, los demonios... pese a que busquen que el ser humano sea "perverso" -Dijo marcando las comillas con los dedos. -Sólo lo incitan a desearlo, eso los alimenta. Mientras, ellos viven los deseos de éstos. Si todos tuvieran una vida sexualmente sana, si sano es que logras todo lo que deseas, perderían poder. Todo se alejaría de esa zona donde la imaginación reina.
-Quieres decir, que...
-Sí, el hecho de que desees desesperadamente follarme me hace fuerte. De hecho, lo peor de todo es que, muy probablemente, esas personas a las que se les da tan bien escuchar y consolar sean descendientes de un demonio, ¿sabes? Porque, con todo este tiempo viviendo en la realidad con cuerpos carnales, ha hecho que los humanos se mezclen con su creación. Esa cosa tan bonita llamada empatía es un rasgo muy demoníaco.
-Pero es buena, no puede surgir del mal encarnado.
-Y vital si quieres saber cómo tentar a alguien.

El hombre hundió la cara entre sus manos.

-¿Qué hay del alma?
-¡Oh! Eso. Bueno, básicamente es ésa zona del cerebro. Cuando la entregas, sólo dejas que ese poder alimente directamente. Pero tranquilo, cuando mueres, sólo hace un bonito destello en el complicado espectro de las hondas psíquicas. Se funde con ellas y ahí se queda.
-Así que te he entregado mi alma, que era algo que iba a perder... a cambio de saber la verdad sobre la creación... No está tan mal.
-Es algo más complicado, pero bueno, también debes saber que desde hace poco, unos siglos. Nosotros, las criaturas de la imaginación, ya nos alimentamos directamente de lo carnal. En conclusión, que me desees, me des tu alma o me folles me alimenta. Llevas dos de tres... y la verdad la versión carnal es la que más disfruto.

La mujer apoyó las manos en los reposabrazos con ademán de levantarse.

-Espera, una última cosa y haré lo que quieras... Vuestros cuerpos, ¿cómo funcionan? ¿sois inmortales?
-Pues físicamente son muy similares, pero sus partes a veces no son necesarias. Puedo comer y beber pero eso no me alimenta. Tendría que expulsarlo todo claro, pero... Bueno cada uno es un mundo. Inmortales, así nos creasteis, aunque, como siempre, hay excepciones. Respecto a las drogas, podríamos elegir si nos afectan o no, pero sería más bien... como si nos dejásemos influenciar. No de una forma real. A mí en concreto me gusta sentirlas, dejar que me invadan. Ah, sí, no necesitamos dormir, pero cuando lo hacemos viajamos de sueño en sueño, no podemos tenerlos propios.
-¿Así que no tienes que comer, ni dormir y puedes drogarte sin límite?
-Sí.
-¿Y las heridas?
-Nuestros cuerpos se regeneran a gran velocidad.
-¿Y esos poderes de ensueño?.
-Tenemos muchos y variados. Por ejemplo, hoy me ves así, porque ayer mientras dormías hurgué en tu mente y averigüé tu mujer de ensueño...
-¿Tienes algún aspecto real?
-Sí...

La mujer se levantó y caminó lentamente hasta el hombre, se fue tendiendo sobre él y le susurró en el oído antes de empezar a morderle la oreja.

-...pero así te gustaré más...

La pareja comenzó a besarse apasionadamente. Las sienes le latían con fuerza, él nunca había estado tan excitado. Ella era perfecta, olía, sabía, se veía como él siempre había soñado.

Sus manos se deslizaron, aferrándola contra sí. Buscó su cuello y lo besó, ella soltó un leve gemido y agarró su cabeza tirando de su melena con una mano mientras con la otra bajó hacia su ...


Bueno, esto es algo con lo que estoy fozando, tendrá sus cambios pero mi idea es que sea un viaje a los pecados con dirección a los más ocultos. No se si subiré algo más o cómo quedará la cosa pero bueno. La idea es ésta.

I see U in Battle.

martes 2 de junio de 2009

Cronicas de Mortiel. III

Buenas otra vez. Hoy continuo con Mortiel, es su peculiar narrar. Os lo advierto, esta es especialmente dura.

El trabajo consistía en la adquisición poco licita de unos tomos, teóricamente perdidos, que guardaban con generoso celo los herederos de lo que al parecer fue un gran mago.

Siendo sincero, el hecho de que el mago hubiese pasado a mejor vida me tranquilizaba bastante. No me gustan los magos, no sabes por donde van a salirte, ni hasta donde llegan sus poderes. De hecho lo mejor que puede pasarte es que sean del montón y se dediquen a lanzarte bolas de fuego o cosas así. Realmente me inspira más respeto un mago capaz de corromper mi cuerpo, como seria un nigromante.

Pero volviendo a mi narración, la familia vivía en su mansión a cuatro días de viaje a caballo. Según las fuentes de Lord Thunder apenas me debería encontrar con un puñado de guardas y lo más peligroso seria el cabeza de familia, era famoso por su habilidad con la espada. Hasta aquí, la cosa no parece más complicada que una “transacción de dudosa legalidad” común. Pero claro, eso podría haberlo hecho cualquiera que ponga un pie delante de otro. El cliente quería que además me burlase de la familia, ahora diréis. Bueno, no complica tanto las cosas, una notita con un par de chanzas... pues no, para ello debía hacer llegar al prometido de la mas joven de las hermanos su diario, donde reconocía haber perdido el virgo... con su ama de llaves. No, no quise averiguar la veracidad de esto. Y para poner la guinda en el pastel, los dichosos tomos estaban en la cripta familiar.

¿Veis como era un reto? Y como es evidente lo logre. Así que no debéis temer por mi integridad física. Con un puñado de raciones para el viaje, monte en veloz corcel, o almenos lo fue cuando era mozo. Pero aun así se mantuvo firme en el camino, permitiéndome alcanzar mi meta.

La mansión estaba guarnecida por unos muros de piedra, no muy altos, algo mas que un hombre sobre los hombros de otro. Un par de guardias vigilaban las puertas y almenos otras dos parejas hacían rondas por el jardín de la edificación.

Aproveche las ultimas horas del día para buscar un par de rutas de escape y genere un rastro falso por la más evidente. Cuando hubo caído la noche me escabullí por la parte trasera de la muralla, las patrullas se iluminaban con antorchas, lo que hacia que brillasen como enormes luciérnagas. Con cuidado y sin dificultad alcance el cementerio privado de la familia. Allí solemne se alzaba la cripta. Por el tamaño en su día debió ser el estudio del mago.

Como deberías suponer, la puerta estaba cerrada con llave y el oxido había inutilizado el mecanismo. Evidentemente esto afecto de igual manera los pestillos de las ventanas, pero en este caso, los volvía débiles a mis habilidosas manos. Retorcí un par de alambres y me abrí paso al interior.

Camine pegado a las pareces para evitar que las maderas podridas del suelo crujiesen, con la destreza de un gato avance hasta la biblioteca. Ante mi, un millar de tomos carcomidos por la edad se mostraban lugrubes, apenas llegaba luz de la luna en el exterior. Me vi obligado a prender una diminuta vela, con cuidado y ocultando en la medida de lo posible la luz con mi otra mano y mi cuerpo busque los libros que debía sustraer. Curiosamente, estaban perfectamente conservados, los deposite en mi mochila, apagué la luz y salí de allí.
Para que la ventana quedase bien cerrada me vi obligado a reparar levemente el mecanismo. Por si os plateabais que sucedió.

Habiendo concluido mi primer objetivo me encamine a la mansión en si misma. Esto seria algo más complejo, se veía luz en varias ventanas y dado que no era muy tarde , pues quería irme bajo el abrigo de la noche, aun quedaría algo del servicio despierto.

Dado que esto no suponía un gran inconveniente para mis habilidades cruce cual sigilosa sombra el jardín, valiendome como único apoyo de las bisagras de las contras de las ventanas del primer piso, alcance una ventana entre abierta del segundo. Me sostuve con una mano mientras miraba por un espejo el interior y cuando estuve seguro de que no había nadie, me deslice sin realizar el más mínimo ruido.

Una vez dentro, camine cauteloso hasta la puerta, pegue la oreja para poder escuchar lo que rondase cerca. Unos pasos lentos pasaban cerca, alejándose, me concentre en aquel sonido. Las pisadas denotan mucho de la actitud de alguien. Aquellas eran lentas, arrastrando los pies, no eran rítmicas, hacían leves paradas. Como si le doliese algo, siguió hasta una puerta, aquellas bisagras estaban mal engrasadas. Deje que pasaran uno instantes y salí de la habitación al pasillo.

Este no estaba iluminado, la oscuridad era prácticamente total, salvo por un tenue haz de luz que se escapaba bajo la puerta, supuse, por donde se fueron los pasos. Fui hasta allí y mire por la cerradura. Una muchacha joven, no debía sobre pasar las catorce primaveras, escribía afanada en una mesa, la estancia estaba apenas iluminada por una vela que crepitaba cerca de la joven.

Pensé en esconderme hasta que se durmiese, pero unos pesados pasos me sacaron de mi ensimismamiento, eran fuertes, decididos y rápidos. Al fondo del pasillo comenzaba a verse la luz de una lampara de aceite. Tome aire, contuve la respiración y presione el pestillo de la puerta que tenia frente a mi, deslice la hoja de madera unas pulgadas y pase metiendo barriga. Por fortuna lo osado de mi acción no perturbo a la mujer. Luego cerré la puerta con sumo cuidado.

Estaba tras la joven, una larga melena dorada caía por su espalda, era perfectamente rizada, parecía una muñeca de porcelana con aquel camisón. Se detuvo para mirar por la ventana y suspiró, cuando iba a retomar la escritura los pasos se hicieron más evidentes, se sobre saltó y torpemente comenzó a recoger los útiles de escritura. Yo rodé bajo una cama cercana. A ella no le iba a dar tiempo a recoger, el tintero callo de sus manos empapando la mesa y el suelo. En ese momento la puerta se abrió, un halo de luz inundo la estancia, la joven se volvió y pude ver su rostro marcado, reflejaba la más pura esencia del terror.

Ese terror visceral que sienten los indefensos, ese terror que siente el campesino cuando los muertos caminan por sus tierras, ese terror que siente el torturado cuando comprende que da igual lo que diga. Esa esencia que acaba con la fe, el valor y la determinación. Nunca podre olvidar su expresión, dado mi oficio, e asesinado, torturado, mentido, extorsionado. Pero nunca provoqué tal reacción en nadie. Aquéllo era de una pureza desmedida.

Los pasos entraron, era un varón, alto y robusto, vestía unos pesados ropajes de noble. Cruzaron la sala como una exalación, sin mediar palabra cruzo el rostro de la joven, esta calló de rodillas. En su delicada mejilla se había abierto una herida. No contento con esto el hombre propino una potente patada a la muchacha, esta se derrumbo y quedo tendida en el suelo, su rostro, su melena se impregnaron de tinta, un par de lagrimas corrían por sus carrillos. Su mirada se cruzó con la mía, pero un par de puntapiés castigaron su vientre. “maldita ramera, perder así la dignidad” grito el hombre “y por encima violar a esa mujer, con lo bien que sirvió a la familia” otra patada castigo a la mujer. Esta vomito sangre, su cara era una de las mayores expresiones de sufrimiento que e visto. Vocalizo un “ayudame”, hacerlo supondría mi fracaso en la misión. Permanecí quieto, mientras le asestaban una brutal paliza a la joven, no contento con ello. Para educarla, como decía, violó sus intimidades con un palo, en una ocasión la pobre perdió el sentido. El paró hasta que la hubo despejado y reanudo. Aquello era horrible, os juro que ni cuando camine por el infierno vi tal atrocidad. Aquel día me jure que sería lo más limpio que pudiese en mi oficio.

No contento con ello, cuando hubo terminado, y la joven calló al suelo decrepita le propino una brutal patada en la cara, uno de sus dientes, rodó por el suelo hasta donde me ocultaba, estaba partido por la mitad. Me sudaban las palmas de las manos dentro de los guantes, no me había dado cuenta, pero aferraba con fuerza la empuñadura de mi espada. Finalmente le escupió y salio de la habitación con un fuerte portazo. Pasó la llave y se alejo por el pasillo.

Salí de mi escondite, caminé hasta la mesa y tome el libro que allí había, era el diario. Rebusque en mi zurrón y saque un vial con una poción, cerraba las heridas más superficiales, pero aliviaría algo de su dolor. Hinqué la rodilla a su lado. “bebela, te aliviará”. Cuando la ultima gota se deslizó por su garganta me erguí mientras guardaba el vial vacío. “Sacame de aquí, por favor” sollozó la chica. “no puedo”, respondí dirigiéndome a la ventana. En mi trabajo, uno no puede tener sentimientos. “Si lo quieres muerto, ve a Melifer, en cinco días en la plaza a media tarde, viste de verde, yo me encargare del resto”. Luego me descolgué por la ventana y salte el muro. Invisible al abrigo de la noche huí de aquel lugar.

En pocos días cruzaba las puertas de la mansión de Lord Thunder, mantuve con el una larga conversación sobre temas superfluos, cogí mi botín y al quinto día espere a la joven.

Supongo que querréis que os cuente que pasó, pero hoy ya es tarde, así que continuare mi redacción mañana. Os aseguro que no os defraudara lo que os cuente.


Espero que no os dejase indiferentes, en todo caso, comentadme que os a parecido.

I see U in Battle

lunes 20 de abril de 2009

Sector 12, Distrito Alfa.

Algo escrito en 20 minutejos. A ver que os parece.

El triste hombre gris... así, así era como lo miraban, pasaba de los cincuenta, su pelo ya era argénteo, corto y escaso. Su cara un higo paso, su piel cartón amarillento por el humo del tabaco. Eran los ojos dos pozos negros inexpresivos. Por brazos, como todo el, un saco de huesos. En el mono de trabajo la grasa de los motores y engranajes un gris mapa de los años. Solo se sentía vivo en su taller, lleno de frías herramientas, impasibles repuestos y escasa luz.

Encendió un cigarrillo, puso en la mesa el paquete y el mechero, camino lentamente hasta la ultima pieza que debía reparar. Lo más seguro es que fuese arena, venia del sector 35, en su día una reserva natural, ahora un páramo valdido donde el aceite y el sudor eran su único riego.

Tomo con cuidado una llave inglesa y dio unos suaves golpecitos en las juntas del motor, provocando que la arena más superficial cayera.

Arena, siempre era arena.

Lo habían retirado del frente, iba viejo. Sus compañeros podrían vivir tranquilos con sus familias, pero el no. Lo había perdido todo en aquella enfermiza batalla, de aquella enfermiza guerra... del único modo de vida.

Mordió el filtro del cigarrillo y se alejo dando una larga calada. Al volver a la mesa dejo el pitillo en un cenicero y miró el correo. Ese sobre canela llevaba allí todo el día. Sabía que solo debía esperar a que el triste hombre gris lo abriera. El era el único color en la sala por lo demás gris, el se presentaba como la salida de ese mundo gris...

El hombre se colgó la llave del cinturón, cogió una larga, delgada y afilada lima. La uso a modo de abre cartas, el tono canela se mancho de negro y gris por la grasa. Dentro, en un pulcro blanco aguardaba una nueva esperanza.

La deslizo fuera, plegada en tres.

Devolvió la lima a su cinto.

Tomo otra vez el cigarrillo para dar otra calada.

La desplegó, y por primera vez en mucho tiempo, se sorprendió.

Ya no sería arena gris.

Se sentó con la carta en una mano y el cigarrillo en la otra. Así permaneció un buen rato. Luego, se quito el pesado cinturón de frías herramientas y camino ligero hacia la brillante salida.

Allí fuera el cálido sol lo recibió, siguió por la calle vaciá, hasta la azul parada del bus, al poco, el rojo bus, se detuvo. Un joven conductor lo saludo al subir. Luego se sentó y disfruto del brillante paisaje de la ciudad, cristal, acero... gente.

Llego a su parada, y se deslizo fuera del bus. Frente a el , regio, pálido, sobrio y firme. El ayuntamiento.


I see U in Battle.