martes 2 de junio de 2009

Cronicas de Mortiel. III

Buenas otra vez. Hoy continuo con Mortiel, es su peculiar narrar. Os lo advierto, esta es especialmente dura.

El trabajo consistía en la adquisición poco licita de unos tomos, teóricamente perdidos, que guardaban con generoso celo los herederos de lo que al parecer fue un gran mago.

Siendo sincero, el hecho de que el mago hubiese pasado a mejor vida me tranquilizaba bastante. No me gustan los magos, no sabes por donde van a salirte, ni hasta donde llegan sus poderes. De hecho lo mejor que puede pasarte es que sean del montón y se dediquen a lanzarte bolas de fuego o cosas así. Realmente me inspira más respeto un mago capaz de corromper mi cuerpo, como seria un nigromante.

Pero volviendo a mi narración, la familia vivía en su mansión a cuatro días de viaje a caballo. Según las fuentes de Lord Thunder apenas me debería encontrar con un puñado de guardas y lo más peligroso seria el cabeza de familia, era famoso por su habilidad con la espada. Hasta aquí, la cosa no parece más complicada que una “transacción de dudosa legalidad” común. Pero claro, eso podría haberlo hecho cualquiera que ponga un pie delante de otro. El cliente quería que además me burlase de la familia, ahora diréis. Bueno, no complica tanto las cosas, una notita con un par de chanzas... pues no, para ello debía hacer llegar al prometido de la mas joven de las hermanos su diario, donde reconocía haber perdido el virgo... con su ama de llaves. No, no quise averiguar la veracidad de esto. Y para poner la guinda en el pastel, los dichosos tomos estaban en la cripta familiar.

¿Veis como era un reto? Y como es evidente lo logre. Así que no debéis temer por mi integridad física. Con un puñado de raciones para el viaje, monte en veloz corcel, o almenos lo fue cuando era mozo. Pero aun así se mantuvo firme en el camino, permitiéndome alcanzar mi meta.

La mansión estaba guarnecida por unos muros de piedra, no muy altos, algo mas que un hombre sobre los hombros de otro. Un par de guardias vigilaban las puertas y almenos otras dos parejas hacían rondas por el jardín de la edificación.

Aproveche las ultimas horas del día para buscar un par de rutas de escape y genere un rastro falso por la más evidente. Cuando hubo caído la noche me escabullí por la parte trasera de la muralla, las patrullas se iluminaban con antorchas, lo que hacia que brillasen como enormes luciérnagas. Con cuidado y sin dificultad alcance el cementerio privado de la familia. Allí solemne se alzaba la cripta. Por el tamaño en su día debió ser el estudio del mago.

Como deberías suponer, la puerta estaba cerrada con llave y el oxido había inutilizado el mecanismo. Evidentemente esto afecto de igual manera los pestillos de las ventanas, pero en este caso, los volvía débiles a mis habilidosas manos. Retorcí un par de alambres y me abrí paso al interior.

Camine pegado a las pareces para evitar que las maderas podridas del suelo crujiesen, con la destreza de un gato avance hasta la biblioteca. Ante mi, un millar de tomos carcomidos por la edad se mostraban lugrubes, apenas llegaba luz de la luna en el exterior. Me vi obligado a prender una diminuta vela, con cuidado y ocultando en la medida de lo posible la luz con mi otra mano y mi cuerpo busque los libros que debía sustraer. Curiosamente, estaban perfectamente conservados, los deposite en mi mochila, apagué la luz y salí de allí.
Para que la ventana quedase bien cerrada me vi obligado a reparar levemente el mecanismo. Por si os plateabais que sucedió.

Habiendo concluido mi primer objetivo me encamine a la mansión en si misma. Esto seria algo más complejo, se veía luz en varias ventanas y dado que no era muy tarde , pues quería irme bajo el abrigo de la noche, aun quedaría algo del servicio despierto.

Dado que esto no suponía un gran inconveniente para mis habilidades cruce cual sigilosa sombra el jardín, valiendome como único apoyo de las bisagras de las contras de las ventanas del primer piso, alcance una ventana entre abierta del segundo. Me sostuve con una mano mientras miraba por un espejo el interior y cuando estuve seguro de que no había nadie, me deslice sin realizar el más mínimo ruido.

Una vez dentro, camine cauteloso hasta la puerta, pegue la oreja para poder escuchar lo que rondase cerca. Unos pasos lentos pasaban cerca, alejándose, me concentre en aquel sonido. Las pisadas denotan mucho de la actitud de alguien. Aquellas eran lentas, arrastrando los pies, no eran rítmicas, hacían leves paradas. Como si le doliese algo, siguió hasta una puerta, aquellas bisagras estaban mal engrasadas. Deje que pasaran uno instantes y salí de la habitación al pasillo.

Este no estaba iluminado, la oscuridad era prácticamente total, salvo por un tenue haz de luz que se escapaba bajo la puerta, supuse, por donde se fueron los pasos. Fui hasta allí y mire por la cerradura. Una muchacha joven, no debía sobre pasar las catorce primaveras, escribía afanada en una mesa, la estancia estaba apenas iluminada por una vela que crepitaba cerca de la joven.

Pensé en esconderme hasta que se durmiese, pero unos pesados pasos me sacaron de mi ensimismamiento, eran fuertes, decididos y rápidos. Al fondo del pasillo comenzaba a verse la luz de una lampara de aceite. Tome aire, contuve la respiración y presione el pestillo de la puerta que tenia frente a mi, deslice la hoja de madera unas pulgadas y pase metiendo barriga. Por fortuna lo osado de mi acción no perturbo a la mujer. Luego cerré la puerta con sumo cuidado.

Estaba tras la joven, una larga melena dorada caía por su espalda, era perfectamente rizada, parecía una muñeca de porcelana con aquel camisón. Se detuvo para mirar por la ventana y suspiró, cuando iba a retomar la escritura los pasos se hicieron más evidentes, se sobre saltó y torpemente comenzó a recoger los útiles de escritura. Yo rodé bajo una cama cercana. A ella no le iba a dar tiempo a recoger, el tintero callo de sus manos empapando la mesa y el suelo. En ese momento la puerta se abrió, un halo de luz inundo la estancia, la joven se volvió y pude ver su rostro marcado, reflejaba la más pura esencia del terror.

Ese terror visceral que sienten los indefensos, ese terror que siente el campesino cuando los muertos caminan por sus tierras, ese terror que siente el torturado cuando comprende que da igual lo que diga. Esa esencia que acaba con la fe, el valor y la determinación. Nunca podre olvidar su expresión, dado mi oficio, e asesinado, torturado, mentido, extorsionado. Pero nunca provoqué tal reacción en nadie. Aquéllo era de una pureza desmedida.

Los pasos entraron, era un varón, alto y robusto, vestía unos pesados ropajes de noble. Cruzaron la sala como una exalación, sin mediar palabra cruzo el rostro de la joven, esta calló de rodillas. En su delicada mejilla se había abierto una herida. No contento con esto el hombre propino una potente patada a la muchacha, esta se derrumbo y quedo tendida en el suelo, su rostro, su melena se impregnaron de tinta, un par de lagrimas corrían por sus carrillos. Su mirada se cruzó con la mía, pero un par de puntapiés castigaron su vientre. “maldita ramera, perder así la dignidad” grito el hombre “y por encima violar a esa mujer, con lo bien que sirvió a la familia” otra patada castigo a la mujer. Esta vomito sangre, su cara era una de las mayores expresiones de sufrimiento que e visto. Vocalizo un “ayudame”, hacerlo supondría mi fracaso en la misión. Permanecí quieto, mientras le asestaban una brutal paliza a la joven, no contento con ello. Para educarla, como decía, violó sus intimidades con un palo, en una ocasión la pobre perdió el sentido. El paró hasta que la hubo despejado y reanudo. Aquello era horrible, os juro que ni cuando camine por el infierno vi tal atrocidad. Aquel día me jure que sería lo más limpio que pudiese en mi oficio.

No contento con ello, cuando hubo terminado, y la joven calló al suelo decrepita le propino una brutal patada en la cara, uno de sus dientes, rodó por el suelo hasta donde me ocultaba, estaba partido por la mitad. Me sudaban las palmas de las manos dentro de los guantes, no me había dado cuenta, pero aferraba con fuerza la empuñadura de mi espada. Finalmente le escupió y salio de la habitación con un fuerte portazo. Pasó la llave y se alejo por el pasillo.

Salí de mi escondite, caminé hasta la mesa y tome el libro que allí había, era el diario. Rebusque en mi zurrón y saque un vial con una poción, cerraba las heridas más superficiales, pero aliviaría algo de su dolor. Hinqué la rodilla a su lado. “bebela, te aliviará”. Cuando la ultima gota se deslizó por su garganta me erguí mientras guardaba el vial vacío. “Sacame de aquí, por favor” sollozó la chica. “no puedo”, respondí dirigiéndome a la ventana. En mi trabajo, uno no puede tener sentimientos. “Si lo quieres muerto, ve a Melifer, en cinco días en la plaza a media tarde, viste de verde, yo me encargare del resto”. Luego me descolgué por la ventana y salte el muro. Invisible al abrigo de la noche huí de aquel lugar.

En pocos días cruzaba las puertas de la mansión de Lord Thunder, mantuve con el una larga conversación sobre temas superfluos, cogí mi botín y al quinto día espere a la joven.

Supongo que querréis que os cuente que pasó, pero hoy ya es tarde, así que continuare mi redacción mañana. Os aseguro que no os defraudara lo que os cuente.


Espero que no os dejase indiferentes, en todo caso, comentadme que os a parecido.

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lunes 20 de abril de 2009

Sector 12, Distrito Alfa.

Algo escrito en 20 minutejos. A ver que os parece.

El triste hombre gris... así, así era como lo miraban, pasaba de los cincuenta, su pelo ya era argénteo, corto y escaso. Su cara un higo paso, su piel cartón amarillento por el humo del tabaco. Eran los ojos dos pozos negros inexpresivos. Por brazos, como todo el, un saco de huesos. En el mono de trabajo la grasa de los motores y engranajes un gris mapa de los años. Solo se sentía vivo en su taller, lleno de frías herramientas, impasibles repuestos y escasa luz.

Encendió un cigarrillo, puso en la mesa el paquete y el mechero, camino lentamente hasta la ultima pieza que debía reparar. Lo más seguro es que fuese arena, venia del sector 35, en su día una reserva natural, ahora un páramo valdido donde el aceite y el sudor eran su único riego.

Tomo con cuidado una llave inglesa y dio unos suaves golpecitos en las juntas del motor, provocando que la arena más superficial cayera.

Arena, siempre era arena.

Lo habían retirado del frente, iba viejo. Sus compañeros podrían vivir tranquilos con sus familias, pero el no. Lo había perdido todo en aquella enfermiza batalla, de aquella enfermiza guerra... del único modo de vida.

Mordió el filtro del cigarrillo y se alejo dando una larga calada. Al volver a la mesa dejo el pitillo en un cenicero y miró el correo. Ese sobre canela llevaba allí todo el día. Sabía que solo debía esperar a que el triste hombre gris lo abriera. El era el único color en la sala por lo demás gris, el se presentaba como la salida de ese mundo gris...

El hombre se colgó la llave del cinturón, cogió una larga, delgada y afilada lima. La uso a modo de abre cartas, el tono canela se mancho de negro y gris por la grasa. Dentro, en un pulcro blanco aguardaba una nueva esperanza.

La deslizo fuera, plegada en tres.

Devolvió la lima a su cinto.

Tomo otra vez el cigarrillo para dar otra calada.

La desplegó, y por primera vez en mucho tiempo, se sorprendió.

Ya no sería arena gris.

Se sentó con la carta en una mano y el cigarrillo en la otra. Así permaneció un buen rato. Luego, se quito el pesado cinturón de frías herramientas y camino ligero hacia la brillante salida.

Allí fuera el cálido sol lo recibió, siguió por la calle vaciá, hasta la azul parada del bus, al poco, el rojo bus, se detuvo. Un joven conductor lo saludo al subir. Luego se sentó y disfruto del brillante paisaje de la ciudad, cristal, acero... gente.

Llego a su parada, y se deslizo fuera del bus. Frente a el , regio, pálido, sobrio y firme. El ayuntamiento.


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jueves 16 de abril de 2009

La herencia perdida VIII

Bueno, aunque no mucho, algo e escrito en semana santa. Y si a sido en Lagrimas de Neon. Gracias a todos por participar en la encuesta, menos a Teodrak, que voto 2 veces en que lo dejase ¬¬.

Día 7

Durmiendo apaciblemente y abrazados los cogió el día hasta que éste estuvo bien entrado. Con la caricia de la brisa del medio día Grimor entreabrió los ojos, por cómo incidía la luz del sol, debían de pasar unas horas del medio día, por eso y por cómo rugían sus tripas de hambre. Se escabulló de los brazos de su amante para deslizarse hasta la cocina donde preparó algo para desayunar. Miró a su alrededor y no vio nada que pudiera darle un toque más pasteloso al aspecto del desayuno, así que colocó con cuidado los platos y salió a la calle a por una flor. Sabía que ese tipo de tonterías les gustaban a las mujeres, pero no tardó en arrepentirse: Primero porque la puerta se cerró tras él haciendo mucho ruido, segundo por estar descalzo, tercero porque no tenía dinero y cuarto porque los adoquines de la calle hervían, además por la ubicación de la calle el sol caía a plomo por toda ella. Así que corrió dando brincos en círculo mientras buscaba alguna piedrecilla para tirar a la ventana entreabierta.

Cuando cogió una la lanzó con gran precisión, con la suficiente como para darle en la cara a su compañera, que había asomado a la ventana al oír el portazo.
-Upz… ezto… yo…
-Duele sabes, casi me das en un ojo. ¿Qué haces ahí fuera?
-Zi me abrez te lo explicaré todo con detalle. Pero déjame entrar.
La puerta de la casa se abrió, a lo cual Grimor entró a la carrera hasta lo primero que vio que le sirviera de asiento. Allí y entre soplidos a las plantas de los pies, relató:
-Zalí a por una flor para darte loz buenoz díaz, pero resulta que me dejé el dinero y el calzado dentro…
La mujer rompió a reír.
-Claro y para compensarlo me apedreas la cara. Estás hecho todo un seductor… seguro que a la segunda pedrada no se te resisten.
-JOOO, yo no zoy malo. Zólo dezcuidado.
-Bueno, creo que hoy no me regalarás una flor. Ya me has alagado bastante con la piedra en la frente. Sólo me pregunto qué harás si tienes que regalar algo más voluminoso. A ti los amigos no te invitan a los cumpleaños, ¿verdad?
-Puez la verdad zí… y miz regaloz zon ziempre bien rezibidoz
-Rezaré para que no me regales un carro.- dijo mientras le echaba la lengua.
-Bueno, pero preparé el desayuno.
-¡Qué corte!, hasta me acostumbraría.
-Puez no veo que sea para tanto.

Tras un dilatado y pasteloso desayuno, Grimor se vistió para salir en busca de sus otros compañeros de aventuras. Se suponía que hoy era el último día que necesitaba Al´elthanor para sus hechizos, por eso pasó primero por la casa de éste para ponerse su armadura y demás pertrechos. En cuanto cargó al hombro el espadón un insufrible punzón psíquico se le clavó en la mente haciéndole hincar la rodilla en el piso.

-¡Sucio bastardo! ¡¿Acaso crees que este es el comportamiento de un noble?! ¡Deberías estar de camino al trono, no en esta maldita ciudad humana! ¿Y qué es eso de dejar tus bártulos en casa de un desconocido, emborracharse, mujeres… ? ¡¿Acaso crees que puedes hacer lo que se te antoje?!
Grimor aferró con fuerza su capa de protección para sacar las fuerzas necesarias para expulsar la aguja de su mente.
-No soy un bastardo, no soy un noble, estoy de camino, Al´elthanor es mi amigo. Bebo porque me gusta, disfruto de las mujeres porque me place. Y por supuesto que puedo hacer lo que me plazca. Nací libre y así pienso morir y ni tú ni el diablo que te forjó conseguiréis que esto cambie. Haré lo que quiera cuando quiera.- dijo mientras se alzaba arrogante lanzando una furibunda mirada al arma. Ésta brillaba tenuemente con un apagado granate, sobre su filo negro brillante las almas atrapadas dentro revoloteaban atormentadas. En los zafiros de la guarda había veces en las que se percibía la profunda mirada de alguien extremadamente poderoso, que dotaba de conciencia al arma. Su funesta empuñadura envuelta con unas férreas tiras de cuero que apenas conseguían retener una maldad que hendía las manos con sólo sostenerla, estaba coronada por un rubí tan oscuro que parecía una gran gota de sangre.
-No siempre tendrás esa capa para protegerte… algún día estarás indefenso.
Rugió el poderoso vozarrón, seguido como siempre de los susurros inteligibles de un centenar de voces.
-Un día sabré como destruirte sin liberar semejante cantidad de almas malignas.- gruñó, sosteniendo la enigmática mirada que se formaba en la amatista.

Tras pertrecharse, salió a buscar a Sebastián y Eleina. Caminaba furioso, abriéndose paso entre la multitud sin un atisbo de delicadeza, continuó así asta alcanzar la posada donde la había encontrado unos días atrás. Esperó de pie y malencarado a que ésta terminara su función, luego caminó hasta ella para decir tajantemente que debían prepararse y equiparse. Así que él iría a por los materiales acordados mientras ella conseguía una cantidad de provisiones. También esperaba que Sebastián hubiera conseguido los caballos. Aprovechó la ocasión para comunicar la presencia de un nuevo miembro en el grupo. Luego entregó el dinero prometido a Eleina y se marchó a recoger a la mujer orco, que seguía sin recordar su nombre, para que lo acompañara por el mercado como había prometido la noche anterior.

Cuando hubo acabado se reunió con todo el grupo en la casa de Al´elthanor. Llegado el momento se limitó a nombrar a los otros miembros del grupo con la esperanza de que así al fin descubriese el nombre de la mujer.
-Bien y éze ez Sebastián. Será el clérigo del grupo.
La mujer orca sonrió con amabilidad y añadió:
-Bueno, ya que no os lo ha dicho, mi nombre es Draxorda Leignat, pero podéis llamarme Drax. También deciros que soy una modesta cazadora, así que podré cumplir con la tarea de exploradora. Además de una buena geógrafa, sólo que apenas tengo experiencia más allá de haber cazado un puñado de animales, normalmente mis misiones eran de rastreo, o guiar a alguna caravana. Pero bueno, Grimor me dijo que no habría problema en que me uniera.
Se sorprendió al ver las caras de sorpresa cuando dijo esto, pero las posibles críticas fueron acalladas por una penetrante mirada de Grimor.
-Bien, mi amigo, eztá todo lizto. ¿Haz acabado con lo que teníaz entre manoz?
-Sí, y tendrás que acompañarme a un mal lugar. Yo me he preparado para esa gesta.
-De acuerdo, elloz terminan de empaquetar todo y ze van conociendo mientras.
-No tardéis, que debemos estar descansados para mañana.- añadió Eleina.

Los hombres recorrieron las calles medio vacías de la tarde noche, recorrieron como el rayo la ciudad hasta llegar, ya con la noche bien entrada, a un oscuro callejón de un buen barrio.
-Aquí es. Mis investigaciones dicen que está en el tercer piso.
Grimor no dijo nada y reventó con algo de cuidado la cerradura de la puerta con su daga. Luego empuñó su gran hacha. Este enorme hacha lo consiguió en uno de sus viajes interdimensionales al combatir contra una poderosa demonio, ayudado por un enjuto caballero que falleció al derrotar al súcubo de enorme poder. Las últimas palabras del hombre fueron que empuñara su arma para continuar con su buena causa. La había bautizado ragnarok, un nombre un tanto recurrido, pero hasta la fecha le había servido bien. Pero en esta ocasión se quería beneficiar de una de sus aptitudes que hacía que muchos ataques bien dirigidos fueran fallados. En la oscuridad un manto de sombras lo envolvía, si era la maleza, estas sombras pasaban a ser hojas, y así sucesivamente.

La pareja caminó en silencio mientras se dirigían a las escaleras que los llevarían al piso superior. Cuando llegaron a las escaleras y pisaron el primer escalón éste crujió ruidosamente seguido de un fuerte grito.
-Es un trampa mágica, se han alertado.
Dijo Al´elthanor. Casi en ese instante entraron en la instancia un puñado de hombres armados que rodearon a la pareja. En lo alto de la escalera se dejó ver la silueta imponente de un hombre, que caminó hacia la tenue luz que ahora inundaba el piso inferior. Era alto y de buena constitución, llevaba el pelo corto y una frondosa barba, vestido con una túnica de colores oscuros que arrastraba levemente por el suelo.
-Al´elthanor, ¿pensabas que tus hechizos de adivinación no serían detectados, acaso? Juraría que te prohibí tajantemente acercarte a mí y mis relaciones.
La pareja se colocó espalda con espalda mientras giraban lentamente para controlar a todos los asaltantes.
-Martin, ¿acaso crees que permitiría que salieses indemne de tus actos?
-¿Y qué piensas hacer… darme una reprimenda?
-Justicia, asesino.
-¡Matadlos!- gritó el humano, para acto seguido comenzar a conjurar.
Grimor descargó un potente golpe al primer asaltante que cercenó su brazo derecho y se hundió entre sus costillas hasta más allá de la mitad de su tronco; con un rápido movimiento de sus manos el arma dio un giro en el aire y fue a enterrarse en el cráneo del segundo asaltante, para luego hacer girar el arma sobre su cabeza y cortar las piernas de otros dos de los asaltantes y encararse a los otros cuatro hombres restantes.

Un rayo mágico atravesó el torso de Grimor, que gruñó de dolor, Al´elthanor conjuró una llamarada que no dejó lugar a esquivas por parte de Martin, y los otros cuatro asaltantes se abalanzaron sobre Grimor para derribarlo. Éste los detuvo con firmeza y derribó a uno de ellos, para esparcir sus sesos por el suelo de un potente pisotón que hizo retumbar el suelo; luego descargó un hachazo en el pecho del siguiente haciendo volar sus dos mitades a una esquina e impulsándose para placar al tercero, empotrándolo contra una pared. Los huesos del cuerpo del hombre crujieron y se rompieron mientras su boca se encharcaba de sangre. Con su brazo agarró al último asaltante y lanzó un cabezazo que destrozó su tabique nasal haciéndolo trastabillar hacia atrás.

Martin volvió a conjurar y formó ante él una burbuja de energía. Al´elthanor respondió conjurando un hechizo para hacerla desaparecer. Grimor alzó su hacha y seccionó una de las traviesas que mantenían el segundo piso y las escaleras provocando que este se desplomase sobre el aturdido asaltante y haciendo perder el equilibrio a Martin. Al´elthanor lanzó un hechizo que derribó por completo al mago, haciéndolo caer a los pies de Grimor, a lo cual éste añadió un contundente puñetazo que sacudió la mente del mago.

Al´elthanor, cogiendo un ónice, convocó una espada de la nada. Luego caminó hasta Martin.
-¿Dónde está retenida?
-Vas mal encaminado si esperas que te lo diga.
-Tu alma a cambio de la suya… es un trato justo.- dijo mientras hundía hasta la empuñadura el filo, a la vez que lo miraba con odio a los ojos. Eran el reflejo del miedo y dolor, se podía oír el gemir de su alma al ser arrancada de su carcasa mortal. Cuando ésta termino de salir el cuerpo de su enemigo se apergaminó en un lento y desgarrador gemido. Ahora en la mano de Al´elthanor se hallaba un brillante ónice.

-Vamos, debe de estar en el piso de arriba…- dijo mientras trepaba por las maltrechas escaleras.
El tercer piso gozaba de mejor salud, así que pudieron caminar con seguridad. El rostro del elfo reflejaba la furia desatada con los ojos inyectados en sangre y el pulso disparado; una delicada vena se hinchaba en su sien. Cuando entró en el cuarto del mago no pudo retener un grito de dolor. Allí, sobre la mesa una extraña máquina adornada con una miríada de ónices refulgía.
-¡Por los dioses! ¿Qué desalmado podría condenar a esto a tantas personas?- dijo el mago elfo mientras examinaba el artefacto con cuidado. Era obvio que no se debían arrancar las gemas o acarrearían la destrucción del alma encerrada.
-Grimor, esto es terrible. No sé cómo detenerla y lo más seguro es que consuma lentamente las almas encerradas. ¿Qué puedo hacer?- sollozó cayendo de rodillas, mientras miraba a su amigo con los ojos empapados en lágrimas.

Grimor se aproximó al artefacto, lo observó, recogió el ónice de las manos de Al´elthanor y lo ajustó en una ranura libre de la maquina.
-Paze lo que paze, zi yerraz, al menoz una de las almaz habrá pagado zu merecido. Ahora levántate, coge este trasto y detenlo. Tiene que haber planoz o algo azí por aquí.
Profirió completamente asentimental, luego se giró y comenzó a buscar entre los volúmenes de las paredes algo que pudiera ser lo mencionado. Al´elthanor se incorporo apenado y comenzó a tejer un hechizo de adivinación. Al poco se dirigió a un estante, tiró los libros que allí había al suelo y abrió un doble fondo. Extrajo los papeles y comenzó su estudio. Pulsó una de las gemas y la máquina pareció detenerse.
-Este artefacto consumía las almas de criaturas vivas para prolongar la vida del que luego las devorase.

Siguió con cuidado extrayendo los ónices según indicaba el plano. Se giró y añadió:
-Destrúyelos, eso liberara las almas encerradas. Luego iremos al templo, allí un clérigo tendrá que comunicarse con estos espíritus, para confirmar que han sido liberados… a menos con el de mi amada.
Cuando decía esto, las lágrimas recorrían sus mejillas nublando su vista. Grimor pulverizó las piedras con un mortero y por cada una que liberaba se oía una leve cacofonía de agradecimiento.

Al acabar con todas fueron al templo. Allí el clérigo intentó una vez más revivir a la mujer elfa. Ante ellos se formó de unos diamantes el cuerpo de una hermosísima mujer elfa, que pareció despertarse de un profundo sueño. Tragando agónicamente aire como si le faltara, tras unos segundos empezó a darse cuenta de donde se encontraba.
-Al´elthanor… ¿Qué ha sucedido?
El elfo le ayudó a sentarse sobre el altar donde se había regenerado el cuerpo mientras la cubría con su capa.
-Vidalia, ahora ya nada. Estás a salvo.
-Recuerdo que me mataron, y haber yacido en un lugar de oscuridad inmóvil.
-Tu alma fue atrapada hará unos meses. Grimor y yo fuimos a recuperarla. Martin quería tu alma para rejuvenecerse.
La mujer sollozó y Al´elthanor la abrazó con fuerza.
-Tranquila, ya pasó todo, ahora estás en buenas manos. Recuerdas que te prometí que te protegería de todo.
Ella asintió
-Pues así ha sido. Además hemos encontrado a tu hija.
-¿Eleina está bien?
-Sí, debería estar en mi casa. No sabe a qué hemos salido, pero no te apetecería verla.
Tras esto caminó junto a ella hasta su casa, donde le dio ropa y comida hasta que recuperó algo de color. Eleina no cabía en su asombro, y más aun cuando se le explicó quien había sido Al´elthanor, tras una dilatada cena de rencuentro todos se retiraron a dormir, con unos nuevos planes. Debían recuperar el equipo Vidalia, que había accedido a unirse al grupo para proteger a su hija, bajo la insistencia del mago elfo.


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lunes 2 de marzo de 2009

La herencia perdida VII

Ale más Herencia:

Día 6

Esta vez se despertó mucho mejor, con la boca pastosa y la espalda llena de arañazos. A su lado, una atractiva mujer orca dormía placidamente. Uh, mierda, no recuerdo nada, recorrió la mente del semiorco. Dejando salir un “upz” que pareció despertar a la mujer.
-Buenos días campeón, ¿has dormido bien? Porque yo he soñado con los Ángeles y con tu lengua.- dijo mientras le ofrecía sus partes más íntimas como desayuno. -Tienes razón en eso de que no tienes porque mancillarme. Pero empiezo a pensar que no estaría mal que lo hicieras.- añadió arrastrando la cabeza del semiorco a sus partes.

Grimor que no estaba dispuesto a defraudar a nadie y menos en la cama. Se dio un festín con la mujer, que lo arañó mientras gritaba de placer. Cuando hubo acabado, un sinfín de besos y abrazos lo colmaron, permitiéndole volver a dormirse muy orgulloso. Claro que inconsciente de que a las horas se le despertaría para pedirle una tercera vuelta. Lo cual estaba bien para su orgullo pero no para sus ansias de tomar algo más de la mujer.
-Ezto mira, no zé como te zonará pero… haberte hecho eso… como que… en fin, que necesito algo de reciprocidad.
-Vamos, que me vas a mancillar…
-No, pero zi uzaras, laz manoz… en fin, o algo así.
-No, no. Que me mancilles, que no te enteras.
-Yo, ezto…- dijo antes de que se le abalanzara encima y lo usara para descubrir todo lo que se suponía le estaba prohibido. Tras unas agotadoras horas la pareja cayó hecha un ovillo de abrazos y besos. No sabía muy bien de qué habían hablado y porque la mujer no quería ser mancillada. Pero con la cosa llevaban más de medio día sin salir de la cama, con un par de cabezadas, entre sesión y sesión.

Cuando el hambre superó al apetito sexual, comieron algo para reponer fuerzas, que no tardaron en volver a invertir en la pasión, pero esta vez en el suelo de la cocina. Y así siguieron durante toda la tarde. Grimor era plenamente consciente de que, tras todo eso, la mujer se quedaría encinta. O el no era descendiente de Gurzal Bloodfits de los 100 retoños… eso le acarrearía un problema. Y buena cosa, una reina orca para su reino y un heredero. Al fin y al cabo, no se veía capaz de dejar a nadie en tal situación.

Cuando, ya no pudieron más, Grimor concertó una cita para esa noche y se fue corriendo a casa de Al´elthanor Berind´duem Ortheim con la vana esperanza de que hubieran aparecido los otros dos aventureros de los que no tenía ninguna noticia desde hacía dos días. Obviamente no se preocupó de saber nada mas allá del hecho de que no habían dado síntomas de vida desde que salieron aquella noche. Lo cual implicaba que tendría que ponerse a buscarlos, haciendo que estuviese como el día que llegó a la ciudad, con parte, pero no suficiente. Ahora no le preocupaba el retraso, pero tenía entre manos algo más urgente, o al menos que no podía esperar tanto. Así que tras despedirse de su amigo, dejándole tiempo para que continuase con sus hechizos, se fue un rato antes al lugar de la cita. Estaba pletórico, rebosante de energía y absorto del mundo. Era feliz.

Cuando llegó al punto de encuentro no paró de dar vueltas por la plaza, no era muy grande y en su centro se alzaba un obelisco que durante el día debía de proyectar una sombra creando un reloj de sol. Al menos eso se deducía de los números romanos y marcas que estaban en el suelo en un enorme semicírculo. En los soportales se veía a los afanados mercaderes recoger sus mercancías para poder retirarse a dormir. Grimor había estado en ciudades como ésta que tenía una vida nocturna elevada, donde las tabernas no cerraban hasta bien entrada la noche y no había toque de queda en la mayoría de los barrios. Pero conocía lugares en los que las tiendas llegaban a no cerrar en toda la noche, el bullicio de esas ciudades era tal que las criaturas que veían bien en la oscuridad como él, acababan por perder la noción del tiempo y adquirir curiosos horarios que en muchos otros sitios serían tachados de antinaturales. Pero claro, la mitad de su ser era de una raza que habitaba en el interior de las montañas, ¿qué más daba si dormías durante las horas de día que las de noche? Sabía que para los humanos no era así, su otra mitad le hacía tender a ese punto. Pero en los últimos días, estaba viviendo más la noche que el día. Eso también repercutía en su bolsillo, no era el hombre más pobre, pero lo normal en un aventurero de su experiencia era tener como mínimo una mansión con mucho lujo. Él, sin embargo, prefirió gastarlo en ayudar a los que se cruzaban en su camino, viajes por los planos y consejos de sabios que había olvidado con el tiempo… era incorregible. Cuando tenía dinero corría a gastarlo en la primera tontería que se cruzara en su camino. Una buena causa, un capricho, una mujer en apuros. Esta última cosa había sido su mayor debilidad, nunca fue atractivo para ningún canon de belleza.

Era medio humano, pero suficientemente orco como para ser un humano fornido, aunque no lo bastante como para ser un gran orco. Así que para unos era feo y para otros normalito, cosa que tenía que suplir con su encanto personal, que tuvo que mejorar a lo largo de los años, hasta un nivel más que aceptable. Claro que eso sólo hacía que las personas que de entrada le atendieran no tardaran en ignorar su aspecto. Pero tampoco le había dado grandes éxitos amorosos, por otro lado, su mala costumbre de meterse donde no lo llaman y proteger al necesitado le había dado más éxitos que toda la hermosura que pudiera tener un apuesto elfo. Claro que si fuera un elfo seguro que no estaría en medio de esa plaza pensando en como se las apaña para ligar… así que ¿quién sabe?

Salió de su retorcida sucesión de ideas y prestó atención a lo que le rodeaba. Se había quedado solo por completo exceptuando un mercader algo retrasado en su tarea; además no parecía que alguna luz aparte de la del cielo estrellado fuera a bañar ese lugar. Su vista se había acostumbrado, pero tenía un problema, era capaz de ver con claridad en un área de diez metros, a partir de la cual veía gradualmente sombras y más sombras, pero todo eso en blanco y negro. Un mundo de colores al que estaba acostumbrado a la luz del día, se veía sumamente gris por la noche… el día nunca verá el gris de la noche… pensó. La verdad es que su capacidad para ver sin luz le había sido especialmente útil en el pasado. Recordaba una ocasión en la que guió a sus compañeros de aventuras por una intricada cueva porque no tenían otra forma mejor de iluminar el camino. También en otras ocasiones su visión en la oscuridad le había permitido ver a enemigos que confiaban en las sombras para acecharlo. La verdad es que era todo tan diferente.

El último de los mercaderes estaba apunto de recoger una caja de manzanas cuando Grimor se levantó para comprarle una. Así al menos tendría las manos ocupadas mientras seguía esperando. Frotó la manzana con su camisa hasta dejarla limpia y luego sacó su daga para cortarla lentamente en gajos, cada vez que cortaba uno lo pinchaba con la punta de la daga y lo masticaba lentamente. Ahora sí, no había mercaderes rezagados ni un alma en pena, estaba solo. Odiaba esa sensación, no tardaría en empezar a pensar en el pasado y entristecerse hasta el punto de perder las ganas por todo. Gimió y esperó con ansia la llegada de su cita. Cuando ya iba por más de la mitad de la manzana lo último que le apetecía era ver a alguien. En cuestión de minutos su alegría se amustió y pasó a una dolorosa melancolía, separó las pepitas y el rabo del resto de carne de la manzana y tiró el carozo a su espalda, mordisqueando el último pedazo con sus enormes colmillos inferiores que sobresalían de sus labios ostentosamente, se giró para encaminarse a casa… uno vez más, sólo era el amor de una noche.

Pateó una piedrecilla y comenzó a andar pesaroso fuera de allí. Cuando estaba apunto de tomar una de las calles alguien se interpuso en su camino.
-No irías a darme plantón, ¿verdad? No llego tan tarde.
-Lo ziento, ez que penzé que no ibaz a venir.
La mujer orca levantó la cabeza por el mentón de Grimor para que la mirase a los ojos, sonrió plácidamente y lo besó con pasión. Cuando se separaron:
-¿Acaso crees que me iba a desentender de alguien que a supuesto un cambio tan radical en tan poco tiempo? No, tú no te me escapas, y menos te dejo tirado.
Grimor recuperó algo el ánimo y la agarró por la cintura para que la distancia entre ambos fuese mínima al caminar. Dieron un par de vueltas por la ciudad como afirmó la mujer que le había pedido Grimor que hiciesen la noche anterior, además de enseñarle lugares de interés. Como Grimor no lo recordaba, se dejó llevar, pero el mayor problema no era eso, era el nombre de la mujer y porque supuestamente la había mancillado… ¿se referiría a que era virgen? Muy experimentada no le había parecido, pero por otro lado ya era mayor como para serlo. Claro que otro motivo fuera por una fe… él sólo sabía que no le gustaban los dioses que conocía. Parecían todos unos hipócritas pidiendo que vivieses de algún modo, pero sin dar nada a cambio, al menos a algunos, pero como también había clérigos que recibían hechizos sin tener una deidad patrona… o eso tenía entendido. Pues descartaba el detalle de que fuera algo sacado directamente de la energía divina, si no más bien, algo sacado de la fuerza de la fe.
-¿En qué piensas? Llevas un rato callado. ¿Temes que pierda poderes por haber roto mi voto de castidad?
-Humm, algo azí.
-Ya te expliqué que era hasta haber encontrado a alguien a quien no le importara mi ralea. Hasta el momento has sido el único que no me ha criticado por ser orca, o por vivir con humanos. Además, sirvo a una diosa buena.
-Zí, pero no zé.¿ Y zi te haz equivocado y te defraudo?
-¿Qué más dará eso? ya has hecho más que nadie por mi… además, como bien dijiste necesitarás una reina.
Y comenzó a reírse alegremente, miró hacia delante y tiró de él. Grimor se dejó llevar hasta un oscuro soportal donde estuvieron abrazándose un largo rato. Luego siguieron con el paseo nocturno que se dilató bastante, para finamente acabar en casa de ella donde se acostaron hasta que el cansancio y el sueño los derrotaron.


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Pd: Comentar es gratis.

martes 17 de febrero de 2009

La herencia perdida VI

Bueno, ya se acabo el "cachondeo" y sigo a lo mio.

Día 5

Grimor se despertó con la cara dolorida así como con un buen puñado de moratones por todo el cuerpo, tenía los nudillos hechos polvo, lo cual tomó como señal de que ganó la pelea… eso sí, no estaba en una cama conocida, se irguió y notó un duro mazazo por parte de la resaca seguido de un fuerte golpe contra el techo de lo que parecía ser una buhardilla. Con unas enormísimas náuseas, mareo y demás dolores se tambaleó por el pasillo de la casa, bajó las escaleras casi de milagro y tras salir del pasillo, vio lo que recordaba como la taberna. Con cara de dolor se acercó a la tabernera.
-Ezto… ¿qué pazó ayer?
-Pues que tras derrotar a media ciudad bebiendo y hacerme ganar una buena cantidad de oro, saliste para volver al poco de rescatar a un par de jovencitas de una panda de asaltadores. Ellas te traían como mejor podían, aun así estabas de pie. Así que tras refrescarte un poco y limpiar tus heridas te pusimos en un cuarto que estaba libre. Bueno, las jóvenes me pidieron que te dijera sus direcciones para que las visitases, y así demostrarte su agradecimiento. Así que eres un héroe.
-Lo zeré, pero la rezaca me matará.- dijo esbozando una tenue sonrisa. Tras esto, apuntó la dirección, salió a la calle donde le esperaba una molestísima luz del medio día y finalmente se arrastró hasta la casa de su amigo el elfo. El cual tardó en parar de reírse cuando le contó lo sucedido la noche anterior, así que en esta ocasión aceptó la cura de su amigo. No tardó en sentirse como nuevo, tras lo cual se aseó y arregló un poco. Su intuición le dictaban que no fuese desarmado, pero no era nada peligroso… aunque si abrillantaba su armadura realzaría su apariencia heroica… así que decidió reflexionar el tema mientras hacía recobrar su brillo azulado a su armadura. Era una armadura de mithril, dividida en piezas que le permitía una gran movilidad, así como lucir su enorme musculatura. Cogió un puñado de plata que tenía guardado, se colgó su amuleto e hizo relucir su gran hacha. Ahora estaba listo, tenía las pintas de muchos paladines. Y si ellos acababan rodeados de mujeres, auque debieran renunciar a ellas por temas de fidelidad, él no tenía a quien ser fiel… y contaba con disfrutar de los encantos de sus rescatadas. Así que se marchó sonriente a la dirección indicada.

Recorrió las calles las calles alegremente, mientras deslumbraba con su presencia a los transeúntes que en otra hora lo miraron con desaprobación, ahora era alguien interesante, un caballero de brillante armadura. Podía caminar con la arrogancia de los ricos y ser mirado como alguien de bien, de hecho, era lo que estaba haciendo. Se sentía realmente importante. Dobló la última esquina y llamó a la puerta de la casa.

Una mujercilla le abrió, y al verlo se le iluminó la cara.
-¡OH! Sí has venido, pesamos que no te dirían nada en la taberna. Pasa, pasa.
Grimor se adentró en la casa y bajó las escaleras la segunda mujer. Eran dos hermanas, bastante poco agraciadas que se deshicieron en halagos y amabilidades. Cuando Grimor dijo no acordarse de nada, las mujeres se apenaron. Pero no tardaron en contarle lo valiente y fuerte que había sido con su comportamiento, que eran cuatro armados con porras y que él los despachó de un par de golpes, aunque ellos se le habían echado encima dándole una buena dosis de golpes. Pero a cada uno de sus puñetazos un villano volaba acompañado de un sonido a roto. Grimor se dejó adular y aceptó la comida del mediodía como agradecimiento, dejó que la sobremesa se alargara hasta bien entrada la tarde y se despidió cuando las mujeres pasaron al ataque con unas ansias por devorarlo.


Asqueado por no haber podido triunfar, y algo frustrado por que su plan no funcionara se encaminó a la taberna. Sabía de sobra que si tenía una pelea, esta vez habría muertos, pero bueno, eso no le preocupaba. Al menos así no sería tan heroico… por no decir que su intuición le había fallado. Tras esto, comenzó a llover con gran generosidad, cosa que hizo que se le quitaran las ganas de ir a la taberna. Así que se arrastró hasta la casa que estaba usando de residencia, para calentarse en la chimenea… que, ¿cómo no?, estaba apagada.

Finalmente se despojó de su armadura que había perdido la cera que había puesto para hacerla brillar, la secó y dejó todo en la habitación para invitados. Su amigo estaba inmerso en una serie de rituales, buscó a los otros dos que se suponían sus compañeros, para no encontrarlos. Harto de no tener a nadie con el que hablar salió por la puerta con un buen puñado de plata, con la intención de no volver hasta haber bebido para olvidar ese día.

Fue a la taberna de la noche anterior, en cuanto cruzó el umbral de la puerta, el tabernero le hizo gestos para que se aproximara mientras le servía una cerveza.
-Ten, invita la casa. Con la noche de ayer, he podido reparar el techo de mi casa.
-En zerio, vaya, no zabía que bebía tanto.
-Más bien conseguiste que la gente bebiera tanto. Entre tu amiga, que puso una buena ración de música, y tú la fiesta duró mucho más de lo previsto.
-Me alegro de haberte ayudado.
-¿Qué tal con las hermanas?
-Puez fui allí, laz vi, me azuzté, fui condezcendiente con ellaz y cuando quizieron algo que no lez iba a dar, me fui educadamente.
El hombre se echó a reír y siguió así mientras atendía a un par de clientes.
-Ayer, incluso tan borracho como ibas, te diste cuenta de la realidad. Pero supongo que tu mente lo habrá olvidado.
-Zí, lo zuponez bien.- dijo antes de dar un largo trago a su cerveza. El tabernero siguió sirviendo a los clientes que entraban a cenar.
-Hoy vienes pronto. La cosa no se pondrá interesante hasta dentro de unas horas, ¿quieres que te ponga algo de comer? Mi mujer está preparando una de sus recetas. Te aseguro que no te arrepentirás.
-Ezo zuena a lo mejor del día.- afirmó mientras ponía un par de piezas de plata en la mano del tabernero.- ¿Azí eztá bien?
-Sí, así será suficiente. Lo que sobra ¿me lo tomo de propina?
Grimor movió la mano haciendo un gesto que denotaba un sí, mientras acababa su cerveza con el segundo trago.

Al poco ante él se puso un plato enorme lleno de verduras, carne y patatas. Olía realmente bien y sabía mejor. Sin duda, lo mejor que le deparó el día. Cuando hubo terminado de comer la expresión de su rostro era muchísimo más alegre. Su visión de la noche cambió cuando los que sólo iban a cenar se fueron y el ambiente se fue caldeando y animando cuando la gente empezó a canturrear y bailar en torno a la chimenea del centro de la estancia. Grimor se unió a la fiesta y entabló una serie de conversaciones con la gente a medida que pasaba la noche, más cerveza había bebido y por lo tanto más borracho iba. Así siguió hasta perder otra vez la memoria. Salvo por un par de retazos, de cuando comenzó a hablar con una mujer. Aun así, poco más recuerda.


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Reparto.

Bueno, ya con algo mas de tiempo, me e currado a el resto del reparto de Lagrimas, bueno de todos los personajes que tienen un mínimo de peso en la trama.

Como el Negrazo: J.B.



Como el policia: Slater



Como pelo de colores: Adam Parker



Como el netruner: 3rv3r



Como malvado mafioso: Olivier



Como pobre niña indefensa: Zz



Como protagonista: Lucía



Y como invitado de spoiler: ¿¿??



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Pd: El 80% de la intención del post es para que Teodrak tenga de que rajar.

lunes 16 de febrero de 2009

Lucía, más adorable que nunca.

Bueno, trasteando por ahí me encontré un foro donde para generar los avatares recomendaban una pagina.

Avatares chupis que te cagas

Así que cuando termine con el mio:



Me puse a chafullar, no hay pistolas ni motos, pero bueno, creo que capte la esencia de la muchacha. De hecho creo que es super adorable xDD:



Bueno, decidme, ¿Qué os parece Lucia en mini?

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