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lunes, 19 de octubre de 2009

La luna y la daga. I

El Rechazo

El pueblo Eldar siempre tubo por mayor defecto la arrogancia. Esto les costo su domino de las estrellas, sus dioses y su exilio a los mundos astronave. También son un pueblo estoico y valiente, cuando todo estaba perdido consiguieron prevalecer y ahora se enfrentan a un terrible enemigo ademas de los ya anteriores a su caída. Pero ahora con el tiempo de la humanidad en declive toda la galaxia arde en las llamas de la guerra, los humanos presa de el ferro control de los siervos del emperador lucha en cientos de frentes guiados por una fanática inquisición negándose a escuchar a cualquier otra raza de la galaxia. Por eso mismo los orgullosos Eldar que ven con ojos tristes como esta raza conduce hacia la destrucción total la galaxia. Por eso los tildan de mon-keigh una ancestral raza que asolo la galaxia y los Eldar tuvieron que combatir hasta su exterminio.

Ahora los mon-keigh ocupaban, expoliaban y destruían uno de los planetas que Eldar habían tejido hacia eones, estos mundos vírgenes fueron modificados para albergar las vida por los antepasados Eldar antes de su caída. Ahora olvidados en las profundidades de la galaxia a veces son tomado por otras razas invasoras. Dado que estos son los últimos planetas del antiguo reino Eldar estas intromisiones son severamente castigadas. En una de estas guerras era en la que estaba envuelta el mundo astronave de Biel-tan, era la hora del golpe final. No podían fallar, debía ser ejemplar y desolador, solo los muertos y las ruinas contarían la historia de los intrusos a su emperador.

El Concilio de Brujos se hallaba reunido en torno al vidente Biel-Eltnail Net´la. La situación era complicada y la inminente batalla necesitaría del mayor poder que podía ofrecer el mundo astronave de Biel-tan, tendrían despertar al avatar, los restos del antiguo dios de la guerra Eldar podía volver a caminar sobre los mundos durante breves periodos de tiempo, pero en esos momentos nada podía interponerse en su poderosa voluntad, su mera presencia volvía a los ya valientes guerreros de la senda en impasibles espíritus de la destrucción. Ahora debatían quien sería el Joven Rey, que es un valeroso guerrero que se sacrifica para dar su fuerza vital y así animar al poderoso avatar..

Tras largas deliberaciones la plenitud del consejo había aceptado tal sacrificio pero dada la falta de tiempo no se había buscado un voluntario y encontrá de la tradición el consejo decidía quien recibiría el, ahora dudoso, honor.

Entre los brujos y videntes de menor rango que formaban el concilio se hallaba Biel-Druonn Ceb´la, como psíquico apenas destacaba para el rango que poseía, pero poseía un ingenio y astucia sin igual cuando se trataba de discernir sentimientos e intenciones. Lo cual lo convertía en un magnifico detective. Las premoniciones eran complicadas de entender a la perfección y no siempre eran precisas en todos sus términos, así que estas habilidades le servían para de un modo más común adelantarse a las acciones de los demás. Generalmente la gente con estas dotes recorría otras sendas, pero Druonn siempre ansió la posición política de la que gozaban los videntes, aun que no la había alcanzado por su falta de potencial psíquico, su voz como brujo era respetada. Aun así no dejaba escapar las oportunidades de crecer, Druonn conocía la relación de Nathei, hija del bien posicionado Eltnail, con el guerrero Altheniar, también sabía que no la aprobaba y que brindarle la oportunidad de eliminarlo de la ecuación sin ser el quien lo propusiera lo encandilaría.

Eltnail dado que poseía la ultima palabra sobre las decisiones del consejo, este poder le era dado porque sus premoniciones y adivinanzas debían estar siempre por delante de las del consejo, este solo servia como una segunda opinión sobre estas. En la practica las decisiones solían negociarse hasta que la mayoría del consejo estuviese de acuerdo. Pero en esa ocasión Eltnail llevaba rechazando todas las propuestas, no parecía ser capaz de condenar a nadie a esa pena. Druonn dejó que la situación se tensase hasta agotar la paciencia del los presentes. Y finalmente se pronunció para salvar la situación, librar al padre del molesto amante de su hija y ganarse el favor del vidente.

- Vidente Eltnail, a lo largo de esta, ya larga, sesión de deliberaciones hemos visto muchos nombres, todos de valientes guerreros que aceptarían gustosos. Pero los ha rechazando por motivos que escapan a nuestra mente. Nadie mejor que usted para conocer esos entresijos de los hilos del tiempo. Yo aun no me he pronunciado, como es evidente e reflexionado mucho sobre lo que voy a decir y he concluido que el más adecuado sería Altheniar. -Hizo leve pausa para que todos asumiesen lo que había dicho, miró rápidamente a sus oyentes y prosiguió. -Ese joven tiene demasiada rabia interior, prueba de ello es que la primera senda que a tomado al llegar a la madurez es la senda del Escorpión Asesino, con especial soltura con la espada.- Hizo otra pausa -Combate más aya de lo que los rituales pueden proteger el alma del Eldar frente a la del guerrero. Por eso no sería bueno que medrase más o iniciase otra. Es vulnerable al caos, no debemos facilitarle a un guerrero tan hábil, ya que antes o después este sucumbirá. Pero si le permitimos morir con gloria su alma inmortal podrá descansar junto a su bien amado Khaine
- Sólo es un muchacho con ardor guerrero.- Protestó la joven aprendiz Nathei.
- Y vuestro amante, ¿o acaso creéis que el consejo no lo sabe? ¡Por el amor de Asuryan, lleva tatuados los versos de venganza de Khaine! Está condenado a traspasar el límite, no hacen falta predicciones poderosas para verlo.. Ésta es la forma de que al menos muera con honores. -Replico Druonn
- Está bien, así será. -Interrumpió Eltnail a la vez que se ponía de pie- Y tú, Nathei, no debes dejarte influenciar por tus sentimientos. -Dijo en tono conciliador.
- Pero, padre... -Una lagrima recorrió la mejilla de la joven.
- Ahora no soy tu padre, soy el vidente que vela por este mundo astronave. Sabes que debes aprender a diferenciarlo. El no hacerlo te vuelve débil. Y lo peor para nuestro pueblo, haces que yo me debilite y descentre. -El vidente retomó la compostura y se dirigió a la sala. -La decisión esta tomada. Que todo se realice según las tradiciones, no es necesario que nadie más sepa los pormenores de las acciones del consejo. Ahora poneos en marcha, hay mucho por hacer.

Los brujos y videntes se levantaron para salir en silencio, en cuanto el ultimo cruzó la puerta el murmullo de los disentían de la decisión se perdió por los pasillos. La sala quedo en silencio y padre e hija se miraron unos instantes. Entonces Nathei rompió a llorar un mar de lágrimas. Eltnail se acercó a su hija y la arropó con su brazo.

-¿Por qué tanto llanto? Mi hija, mi bien. ¿Acaso no comprendes que es la mejor de las muertes? No tendrá que yacer para la eternidad en una joya.

Enjugándose las lágrimas con las mangas de la túnica la muchacha miró a su padre.

-Eso que dices es mentira, no lo has dudado ni un instante, ya habías decidido mucho antes comenzar...
-¡Hija!, ¿acaso osas sugerir que antepuse mis intereses a los de Biel-tan? -Se levantó indignado -Me ofende de sobremanera.

Nathei se levantó y salió corriendo, cuando llegó a la altura de la puerta se giró y gritó desesperada:

-¡Pues vas a matar al padre de mi hijo!

Luego siguió corriendo para no volver a verlo. Eltnail tomó un asiento y allí permaneció sentado, como si de una estatua se tratase. Para los Eldar una de las mayores bendiciones es la llegada de un nuevo miembro a la familia. Ahora, el lo había privado de padre y ademas alejado a su hija, el ultimo rastro de su linea de sangre. Su madre murió hacía años dejándolos solos. Eltnail enterró su rostro entre sus manos y lloró desconsolado.

El brujo Biel-Yelk Lium era un hombre mayor, bajo incluso para su raza, y su pelo se había vuelto gris con el paso de los años, pero en su piel apenas aparecían algunas arrugas como marcas de expresión, sus ojos grisáceos brillaban con inteligencia. Bestia una intrincada armadura rúnica, de colores blancos, verdes y con algunos dorados. Varias gemas la adornaban y más de un centenar de runas la grababan. Caminaba entre el guardián de almas Biel-Ciet Al´ric y el exarca de los Escorpiones Asesinos Biel-Zennian Beild. Yelk. El primero era un varón de pómulos anchos y mirada nerviosa, juegueteaba con las mangas de su túnica mientras avanzaba un paso por detrás de los otros dos, era fácil deducir que no estaba cómodo con la situación, el segundo se erguía regio en su impresionante armadura, esta lucía impecable demostrando el buen hacer del Cantor del Hueso Espectral que había detrás de esta obra, descansaba una mano sobre el pomo de su espada mientras que con la otra gesticulaba, ni estos gestos ni su voz hacían notar su preocupación, pero la insistencia de sus palabras en que ese no era el proceder delataban sus intenciones. La comitiva se había formado con cuidado, un brujo temeroso del consejo y con la mente cansada como para tener perspectiva propia, un guardián de almas introvertido e inexperto en sus funciones y un rango superior de la senda que no conocía en persona al guerrero. Aun así ninguno se mostraba cómodo con las prisas y las irregularidades de sus ordenes.

La comitiva camino por los pasillos de los bloques de viviendas hasta la puerta de Biel-Altheniar y llamaron, este les abrió la puerta con cara sorprendida. Antes de que pudiera mediar palabra Biel-Yelk comenzó a hablar.

-¿Vos sois el valeroso Biel-Altheniar Fuinar. Guerrero de la senda del escorpión asesino?
-Si, así es, noble Brujo.
-Me enorgullece tu valor y determinación al tomar tan honrosa determinación. -Dijo en tal tono que más buscaba que lo escuchasen los transeúntes que el hombre con el que conversaba.
-No se de que habláis, pero creo que sera mejor tratar el tema en privado. -Repuso Biel-Altheniar mientras permitía se echaba a un lado invitando a entrar con un gesto de la mano.
-Si, supongo que deseareis cambiaros en privado.

Cuando entro el ultimo de la comitiva la puerta se cerro y el brujo tornó a una expresión más seria.

-Has sido nombrado Joven Rey. Así que vístete con las galas. -Biel-Ciet le tendió una delicada túnica de color blanco, con unas hiedras verdes a modo decorativo.
-¿Nombrado? ¿Desde cuando se nombra o concede tal honor?
-Nuevos tiempos joven guerrero, debemos adaptarnos a la guerra. Ella no cambiara por nosotros.
-¿Adaptarnos? He vuelto del frente hace solo unas horas, me mantuve informado. La presencia del Avatar no es necesaria. -Mientras hablaba busco la mirada del Exarca. -Vos debéis saberlo de primera mano. Alguien debió cometer un error, sabio Brujo.
-No, joven, las tornas han cambiado.
-La escoria de los mon-keigh a puesto en marcha una de las estruendosas maquinas de guerra. Un Baneblade, como sabrás se trata de un carro de combate super pesado. -Intervino Biel-Zennian.
-¿Desde cuando esas arcaicas maquinas son un problema para los cañones D o los Dragones Llameantes? -Replico Biel-Altheniar con congoja en la voz
-Costaría muchas vidas Eldar detener esa maquina, pero con tu sacrificio esto cambiaría, no solo las salvarías. Si no que con la mera presencia de Khaine abandonaran ese monstruo mecánico, dejándolo a nuestra merced no solo recuperaríamos nuestro planeta, si no que el imperio sufriría un duro revés y en un futuro esa maquina no podrá herir a más hermanos Eldar...
-Si nuestro dios nos perdona la falta de pulcritud en los ritos... si se salvan todas esas vidas... -Dijo mientras bajaba la mirada Biel-Altheniar.
-Solo una cosa más Joven Rey -Se apresuro a decir Biel-Ciet- debes dejar tus armas aquí.

Biel-Altheniar se limito a asentir con la cabeza

Tomo las galas ceremoniales y caminó con pesar a su cuarto. Allí se mudo y escribió entre lagrimas una carta de despedida para su amada. En ella le pedía que guardase su espada y la entregase a su hijo. La envolvió en una tela de seda y junto a la carta se la dio al Guardián de Almas sin mediar palabra.

La comitiva avanzo en silencio hasta las puertas de la cámara donde descansaba el Avatar de Khaine, allí el vidente Biel-Eltnail y su corte de Brujos comenzaron una breve oración al dios dela mano ensangrentada, mientras el Joven Rey recorría con la cabeza bien alta los últimos metros que lo separaban de su destino.

Entró en la cámara y tras él se cerraron las puertas. Hacía un calor asfixiante. Caminó con paso firme por una estrecha pasarela. Bajo ella un lago de metal fundido, enfrente el trono desde el que el avatar lo miraba inquisitivamente, era una mirada vaciá de todo sentimiento, se clavaba en el y junto con los gases, el incesante calor le hacían perder la consciencia, veía borroso y la barrera entre realidad y sueño se desdibujaba. Perdió el contacto con el suelo, a su alrededor solo veía el profundo espacio, cada paso era como caminar dentro del agua, pero su determinación no le falló y alcanzó el pie del trono que flotaba en medio de la nada.

Avanzó hasta el coloso e hincó una rodilla en el suelo inexistente, ofreciendo su arma ritual, mirando al suelo y apretó los dientes a la espera de un terrible dolor. El calor evitó que una lágrima mojase su rostro. El dios se levanto de su trono y camino alrededor del guerrero, parecía encogerse hasta alcanzar una altura similar a la del Eldar.

-Levanta, Altheniar, y muéstrame esos tatuajes que te condenan a esta muerte. - Sorprendido, el Eldar mostró su pecho. - Oh, ¿cómo la mejor de mis poesías puede ser tan letal como mi espada?- La voz del dios resonó jocosa y llena de un poder sin límites, sus ojos brillaban como ascuas en la noche.

Acercó su mano ensangrentada al pecho del Eldar y grabó con sangre runas de odio en su pecho. Un dolor indescriptible lo obligó a curvar la espalda. Como una res marcada con el duro hierro, se desplomó dolorido. Khaine volvió a crecer y ahora brillaba como un centenar de soles, son un fuego frió que en una llamarada lamió la sangre de las runas y las convirtió en tatuajes. Tras esto se sentó.

- Podría tomar tu alma y caminar a la batalla, pero tengo algo más grande para ti. Ve, vive, y dile a esos cobardes del Consejo que hoy sólo podrán valerse de lo que les instruí. Te culparán de ello, pero no seré yo quien trunque tu futuro porque alguien te envidie.
- Como ordenéis, mi señor, eso haré. -Dijo con un terrible esfuerzo de voluntad.
- Bien hijo mio, bien. Se que lo que te espera sera duro y largo. -La voz de su dios era reconfortante- Pero quiero que sepas que tu hijo crecerá sano y orgulloso de su padre.
- Gracias mi señor, me dais fuerza para cualquiera que sea mi destino.
- Espero que así sea... espero que así sea... la voz de su señor se desvaneció al igual que su consciencia.

Cuando se recupero se encontraba tendido sobre la fría nieve, aturdido se levantó. Le dolía la cabeza, el pecho le ardía y tenia las articulaciones entumecidas. Se llevó la mano al pecho y fue entonces cuando se percato de que tenia puesta una armadura.

Todavía conmocionado observó a su alrededor, había un rifle de precisión, una pistola shuriken y una capa de camaleonina. Lo habían abandonado, con el equipo de un vagabundo, sin siquiera poder decir adiós a su amada, o sus armas. Como si de escoria se tratase, solo en un planeta helado y con el equipo de los que no quieren vivir con su raza. Lo habían convertido en un desarraigado, un paria... un desterrado. Contuvo la ira y recordó las ultimas palabras de su señor Khaine. El también deseo que así fuese.


Bueno, tenéis por ahí la versión vieja si queréis comparar los cambios. Creo que me a quedado mucho mejor, pero casi mejor comentáis y me dais vuestra opinión.

See U in Battle.

sábado, 26 de septiembre de 2009

La luna y la daga. Pre-cuela

Hola gente, hoy os traigo la pre-cuela de La Luna y La Daga. Si la cosa marcha en un par de días pondré las revisiones de los capítulos ya subidos. Eh procurado ir explicando un poco más del trasfondo donde se desarrolla para que no sea tan árido. Eso si, es desde el punto de vista de los Eldar. Espero que os guste, aunque el principio es algo ñoño, pero creo que es un buen modo de presentar al personaje y sus motivaciones, orgullos y de más.

El descanso del guerrero

Biel-Nathei Net´la esperaba ansiosa frente al portal warp, llevaba esperando este momento meses desde el último encuentro que había tenido con Biel-Altheniar Fuinar, pero hoy estaba todavía más expectante su amado volvía después de su bautismo de fuego, una última prueba antes de ser considerado un Escorpión Asesino, un culto de guerreros especializados en el combate cuerpo a cuerpo, sigilo e infiltración. El entrenamiento los había distanciado en el espació, pero sus sentimientos ardían como el primer día, pero ahora se verían con más frecuencia, conversarían, se abrazarían y podrían al fin vivir su romance.

Emocionada como estaba, había llegado casi una hora antes de lo debido al lugar y caminaba inquieta. Según se fue acercando la hora aparecieron más Eldar, la mayoría mujeres, pues las sendas de los guerreros solían recorrerse casi en exclusiva por hombres con algunas excepciones como la del Espectro Aullante formada en su practica totalidad por mujeres.

Esto era debido a las enseñanzas de Khaine el dios de la mano ensangrentada, el había enseñado a luchar a los Eldar hacia mucho tiempo, formando las primeras sendas, guerreros increíblemente ágiles y especializados. Pese a que enseñó a toda la raza por igual, esta ha ido adquiriendo esta tendencia, aunque por lo general el individuo no es el mismo o la misma que el guerrero. Antes de la batalla y para preservar sus almas los Eldar realizan una serie de rituales que los aislá de los horrores de la guerra y pasan a convertirse en guerreros de la senda.

Además, debido que venían de la batalla, muchas familias esperaban el retorno de sus familiares y como algo inamovible en casi todas las razas, las madres siempre eran las primeras en aparecer.

Cuando sólo faltaban cinco minutos la sala estaba llena y la tensión envolvía el ambiente. Nathei se alegró de tener un puesto entre las primeras filas. Su pulso se aceleraba y la impaciencia se adueñaba de ella.

El portal formaba medio arco y en su punto más alto una gran punta adornada con una gran gema comenzaba a condensar la energía; cuando ésta se cargó por completo, proyectó un rayo hasta el centro del portal y éste comenzó a expandirse hasta formar un resplandeciente óvalo, por él salió el Autarca Biel-Kilmeth Olnev. Como era tradición, y por no hacer esperar a las familias de las víctimas, se entregarían las gemas del alma de los caídos. Estas gemas albergaban las almas de los Eldar muertos para que no fuesen absorbidas por los demonios de la disformidad y torturadas por toda la eternidad.

Con tono solemne comenzó a recitar los nombres de los héroes, apenas habían caído unos pocos, aun así cada uno era una tragedia para una raza tan poco numerosa.

Dada la avanzada tecnología que poseían podían cerrar las heridas más graves en apenas una horas, pero seguían sin poder hacer nada cuando ya había acontecido la muerte médica.

Cuando hubo terminado y entregado las joyas espirituales a sus familiares, los victoriosos guerreros atravesaron el portal, pese a la tristeza por los camaradas caídos, marcharon llenos de orgullo. Habían prevalecido, portaban la victoria a su mundo astronave y hoy serían los héroes.

Cuando Biel-Altheniar Fuinar salió por el portal, vestía la resistente armadura del Escorpión Asesino, portaba sus armas y sostenía su yelmo con mandilasers en su brazo derecho. Recorrió con la mirada la amplia estancia hasta que vio a su amada Nathei, sus preciosos ojos azules brillaban por la emoción. Era una hermosa mujer, de algo más de un metro sesenta, con una larga melena rizada de color dorado con reflejos cobrizos, la llevaba recogida en unas largas trenzas a la espalda unidas por un coletero enjoyado. Tenía una delicada figura bien torneada, cubierta por una delicada túnica con un leve escote, sobre su pecho brillaba su joya espiritual, la túnica se abría a la altura de las rodillas permitiendo ver las esbeltas piernas, calzaba unas sandalias y en su tobillo izquierdo tenía una delicada cadena de brillante plata.

En aquel instante un centenar de parejas corrieron a abrazarse, Altheniar y Nathei no fueron menos. Cuando estuvo cerca se lanzó a sus brazos y Altheniar la recogió, se besaron durante un momento que les pareció eterno.



Unas horas más tarde, cuando el guerrero ya había podido quitarse la armadura, asearse y comer algo, los amantes disfrutaban de su intimidad. Nathei yacía dormida en la cama, cubierta por una delicada sábana de seda, que marcaba la suavidad de sus curvas.

Altheniar la observaba apoyado en el marco de la puerta, vestido solamente con unos pantalones de pijama. Había soltado su larga melena negra y lisa, tenía unos rasgos marcados y las orejas algo más puntiagudas que la media de los Eldar. Medía algo más de un metro setenta, rozando casi los ochenta. Estaba en buena forma, como fruto de su entrenamiento su cuerpo era bastante musculoso para su raza, sin embargo a los ojo de un mon-keigh sólo sería un hombre fibroso, en su pecho con refulgentes tintas estaban tatuados los versos de venganza de Khaine, en su antebrazo derecho la runa que identificaba a los Escorpiones Asesinos, a partir de ella y rodeando el antebrazo las runas que nombraban el planeta y el templo donde recorrió la senda. Trepando por sus gemelos unas zarzas verdes, símbolo de su mundo astronave. Pese a su poca experiencia como guerrero diminutas cicatrices salpicaban sus manos, torso, brazos y piernas. Pese a que los entrenamientos se hacían con protecciones, ya había participado en pequeñas refriegas donde se empleaban armas reales, así como en las cazas rituales, que se llevaban acabo sin armadura contra animales salvajes.

Caminó hasta la cama y despertó con un beso a Nathei, ésta se revolvió para ponerse boca arriba y se quedó mirándolo durante unos segundos.
-Altheniar, hay algo que deseo decirte, al poco de que te marchaste.
-Dime, sabes que siempre tengo oído para tu dulce voz. ¿No será otra vez algo sobre tu padre?
-No mi amado, de hecho creo que podría cambiar su actitud.
-¡Oh! ¿Qué buena nueva es esa?¿Qué es lo que puede permitirnos ser felices sin trabas? Dime, no me tengas en vilo. -Dijo Altheniar mientras se le iluminaba la cara.
-Bueno, no sé si estás preparado... pero a mi me ha costado asumirlo -Nathei tomó aire -Estoy embarazada. -Dijo soltando aire y sintiéndose como si acabara de quitarse un gran peso de encima.

Altheniar se sentó con un golpe seco en la cama y tardó unos segundos en reaccionar.
-Mi bien amada... eso es tan... por los dioses, soy tan feliz, nunca imaginé recibir tanta felicidad en tan poco tiempo.

La cogió de las manos y la beso profundamente.


See U in battle.

Pd: Dejad comentarios que sois unos sosos.

viernes, 23 de enero de 2009

La luna y la daga. III

La caza (II)

Las horas se sucedieron, tiempo que aprovechó para meditar, y recitar en silencio los versos de los ritos de guerra. Así aislaría su consciencia de los horrores que iba a presenciar. Unos sencillos versos, que siempre precedían a la batalla, todo guerrero los conocía. Eran la única defensa frente a los demonios de Korne, de que el alma no fuera arrastrada a la disformidad y corrompida sin vuelta de hoja. Al anochecer, cuando volvió a abrir los ojos, ya solo quedaba el cazador, tomo la espada que tenia sobre su regazo y se deslizó fuera de su escondite.

Cerca de la jaula donde las habían metido dos mon-keigh montaban guardia, pero sus ojos apenas veían en la oscuridad, no como los de los Eldar con un mayor espectro. Trepó de un grácil salto hasta el techo del barracón pegado a la jaula. Se deslizó hasta estar sobre sus cabezas, y se lanzó sobre ellos. El que recibió el impacto hundió el rosto en la nieve embarrada, sosteniéndolo con un pie, el cazador rajo de un tajo el cuello del segundo luego hundió la hoja en el cuello del primero, finalmente entro en el barracón. Allí, amontonadas en un cajón estaban las armas de las hermanas, sus yelmos, sus joyas espirituales. Malditos, sabían que ningún Eldar haría nada arriesgado sin una de ellas, su ultimo deseo sería perder también el alma. Caminó a la puerta que daba a la jaula y destrozó la cerradura de un puntazo. El arma perfectamente forjada y diseñada corto el metal de la puerta como si de mantequilla se tratase, abrió la puerta y hizo una reverencia a las mujeres. Con una demostración de destreza desactivo el arma y su sistema de seguridad, luego se la tendió a su legitima dueña.

La exarca, una mujer mas curtida, de ojos negros y profundos lo examinó, con un gesto de la cabeza hizo a un lado su espesa melena riza. Ahora se podía ver una larga cicatriz en su mejilla derecha. Se levanto y camino hasta estar cerca del hombre.

-Saim-Velnezha Arthen, exarca de las espectros aullantes de Celná, hija de Saim-Brurnit Arthen. ¿Y vos, querido vagabundo?
-Altheniar, escorpión asesino del templo de Nelriek, hijo de la luna y la daga.

La mujer se lamió un diminuto corte en el labio, y camino hacia el cajón. Altheniar se hizo a un lado y cuando las mujeres se hubieron equipado, la exarca se giro hacia el.

-Un guerrero de la senda del escorpión tendría su espada. Pero viendo tu aspecto deduzco que no es así. -La mujer tendió un arma con la empuñadura hacia el -Tomala, nuestra hermana caída no se opondría, y toma su joya espiritual, as de vengarla.
-No es un buen momento.
-Tenemos el factor sorpresa.
-Nos superan en numero y estáis heridas muchas de vosotras.
-Sigo siendo tu superior. -La mujer se acerco hasta el mirándole a los ojos fijamente.
-Yo tu liberador.

Tras unos segundos la mujer cedió con un gesto de la cara.

-Desde luego, noto en tus ojos el cazador.
-Hay poca guardia, con tu ayuda podremos eliminar a los demás y permitir que los espectros escapen al bosque, luego nos reagruparemos en el.
-De acuerdo.



La mujer se giró a sus hermanas y estas asintieron, la exarca se colocó su mascara. Luego ambos salieron por la puerta. Los Eldar dados sus ligeros cuerpos, y gráciles pasos son una raza, veloz y sigilosa. Y sus armaduras acompañan a estas dotes, creadas con hueso espectral se amoldan a los suaves movimientos del guerrero, siendo flexibles como la tela, pero endureciéndose frente a cualquier ataque. Incluso sus armaduras más pesadas, no estorban mucho más que una leve molestia.

Nada más salir se dividieron, con gracia y sigilo acabaron con los seis guardias restantes, incluidos los de las torres. Para ese momento el resto de los espectros ya habían creado una salida con sus espadas y huido por el bosque. La pareja se reunió en la abertura, Altheniar estiro la mano indicando que ella pasara delante, luego salió el. Corrieron hasta el linde del bosque, entonces, uno de los perros comenzó a ladrar y no tardo en dar la voz de alarma.

Apuraron el paso hasta las guerreras y la mujer tomo la palabra.

-Hermanas, debéis huir, dad un rodeo y luego encaminaros al portal warp, el vagabundo y yo os cubriremos la retirada.

Altheniar asintió, como signo de aprobación. Las mujeres se perdieron en la espesura.

-Estas loca, ¿Lo sabes, verdad?
-No, solo soy curiosa. La luna, supongo que te refieres a la media luna, era un símbolo del castigo por imprudencia. Y la daga es por una traición. ¿Me equivoco?
-No.
-Me lo cuentas, o ¿tendré que esperar a que acabe la batalla?
-Si salimos de esta, puede.
-Nos vendría bien un hombre como tu.
-En Saim-Hann seguís con vuestro sistema tribal. Supongo que no destacare tanto.

La mujer asintió y se preparo, la mayor parte de las fuerzas salieron por la puerta principal buscando a ciegas. Solo el comisario, un par de hombres y un perro salieron por la parte de atrás. El perro los olio nada mas salir para salir corriendo hacía ellos detrás los soldados.

El animal en cuanto vio a la mujer se lanzó a por ella, esta respondió descargando un grito potenciado por su mascara. Antes de que pudiera dar un paso más el animal se desplomó sangrando por sus delicados oídos, aturdido y sufriendo terriblemente intentó en vano levantarse. De dos ágiles zancadas la exarca acabo con el sufrimiento innecesario del animal decapitandolo. Al ver esto los dos soldados cargaron contra ella aprovechando su distracción momentánea.

En ese momento Altheniar corrió a interponerse con el comisario. Una vez frente a el, lo saludó con la espada desafiándolo. Este respondió y ambos se pusieron en distancia.

-Veamos de lo que eres capaz. -Dijo el comisario en su Gótico natal.
-¡En guardia! -Respondió Altheniar en el Gótico imperial.

El comisario se afirmó y ambos comenzaron a camiar en círculos, estudiando a su adversario. Apremiado por la retirada Altheniar lanzó un puntazo buscando medir la velocidad de respuesta. El mon-keigh reaccionó con presteza desviando la hoja, acompañó el movimiento con un giro de muñeca para enlazar las armas y avanzó para que el arma probase la carne. El Eldar mantuvo la distancia, añadio un paso lateral para apartarse de la linea de la espada. El comisario retrocedió para no exponerse y cambió a una guardia larga. Altheniar comenzó una segunda finta, ligando las hojas, cuando sintió que comenzaba la contra, dejó que esta impulsase el arma y dio un tajo. Sorprendentemente el comisario reaccionó a tiempo y alzo el arma para bloquear. En el ultimo instante el Eldar redirigió la hoja y trazó una media luna que besó el costado del mon-keigh. Pero esto dejó expuesto a Altheniar, y la respuesta no tardo en llegar en forma de otro tajo, por instinto dio unos pasos hacia atrás, pero aun así, la arcaica arma de energía cortó una larga linea en el pecho del Eldar abriendo también una leve herida. Altheniar se reafirmo y aprovechó la distancia para lanzar una chanza.

-¡Valla! Si corta como un cuchillo de untar el pan.
-Ya es más que la tulla Xeno.

Entonces el mon-keigh pasó al ataque, lanzando dos rápidas puntadas, Altheniar dio un paso atrás y otro en angulo, lanzó la mano al brazo armado de su adversario para aferrarlo, mientras cruzaba las espadas y avanzaba con un paso curvo. Detuvo su hoja frente al rostro del comisario.

-¿Es necesario que acabe con tan magnifico esgrimidor?
-Me reuniré con el emperador.
-Si vives evitaras que muchos buenos hombre se reúnan con el. Le sirves más vivo, que muerto.
-Y a ti por qué había de preocuparte.
-Soy un militar, no un asesino, se que tu no matarías aun enemigo derrotado.

El comisario se sorprendió, momento en que Altheniar lo desarmó. La exarca ya había dado cuenta de los hombres de otro grito y ahora corrían aterrados.

Para cuando el comisario salió de su estupor la pareja de Eldar se había perdido en el bosque, frente a el, estaba su sable clavado de punta en el suelo. Colgando de el, una hermosa runa de plata.

Ambos guerreros corrieron en silencio, hasta alcanzar el portal warp, allí, sin más fuerzas y herido Altheniar se desplomó. Las guerreras rescatadas lo llevaron al interior, en cuanto lo tumbaron en una camilla terminó de perder la consciencia. Ahora el hambre también se aunaba a su dolor.


I see U in Battle.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La luna y la daga. II

Bien, aquí la continuación de las andanzas de Altheniar, cuando lo aya pintado pondré alguna foto. No os olvidéis de votar al personaje favorito y de comentar.

La caza (I)

Biel-Altheniar Fuinar caminó durante varios días, sobreviviendo con las técnicas aprendidas en el templo del Escorpión, cazó, acechó y fue una sombra. A las pocas semanas ya había explorado una gran extensión de terreno. Se trataba de un bosque denso, de coníferas en pleno invierno; la nieve había comenzado a caer, tiñendo todo de un tono blanco y puro. En los largos períodos de inactividad, había eliminado hasta el último rastro de las insignias que lo ligaban a Biel-Tan, sería el vagabundo Altheniar hijo de la Luna y la Daga, ya no un Biel- Fuinar.

Según pasaban los meses, el invierno se recrudecía y el frío calaba hasta sus huesos, la soledad azotaba su mente, la melancolía lo sumía en una profunda depresión que apenas podía contrarrestar con los instintos de supervivencia. Las horas silenciosas sólo se veían interrumpidas por el gorgoteo de su estomago vacío y el lánguido lamento. Dejándose consumir por la pena olvidaba el fiero guerrero en que se había convertido, cuando lo recordaba, no tenía con quien combatir. Solo e inútil. Triste y hambriento. Autocomplaciente y decadente. No encontraba nada a lo que aferrarse para levantarse y luchar. Envuelto en esa espiral de autodestrucción dejó que pasaran las semanas, hasta que el invierno llegó a su punto más crudo.

Altheniar yacía en un camastro improvisado, dejándose consumir, cuando el sonido de una refriega lejana perturbó el silencio del bosque. Su instinto depredador saltó fuera de su letargo, como si de un resorte se tratase, Altheniar recogió sus armas, se enfundó en su armadura y se cubrió con la capa de camaleonina, que se tiñó al instante con los tonos grises de la cueva, sus pies corrieron por la nieve sin dejar rastro, su capa tornó a un blanco puro mientras ondeaba tras el guerrero. El hambre, la nostalgia, la depresión... Desaparecieron de su mente, el guerrero de Kahine de su interior tomó el control, en unos pocos minutos cubrió la distancia que lo separaba de el sonido del combate, sus ojos contemplaron la batalla, desde donde se ocultó. Un grupo de iniciadas en los espectros aullantes se enfrentaban a un numeroso contingente de guardias imperiales, ejecutaban con maestría la danza de la muerte, con cada movimiento de sus armas un mon-keigh exhalaba su último aliento, pero las superaban en número, pese a sus acrobáticos movimientos las rodeaban. Su exarca, empuñando unas espadas gemelas, segaba las vidas de quien osaba acercarse, abriéndose paso hacia el comisario que gritaba órdenes a sus hombres, mientras solicitaba refuerzos.
La Banshee gritó durante su carga, y los tímpanos del hombre sangraron, pero se sobrepuso y desenfundó presto su arma. Con unos bien medidos pasos controló la distancia y mantudo a raya a la furiosa exarca, con una encomiable destreza repelió los velocísimos ataques de la mujer, tomando lentamente el contraataque. La mujer lanzó una pareja de tajos con sus espadas que pasaron a escasos centímetros del cuello del oficial, pero el movimiento la había dejado expuesta. El hombre atrapó con su brazo libre uno de la exarca, lo retorció obligándola a hincar la rodilla en el suelo. De una patada la tuvo boca a bajo, valiéndose de su propio peso unido la cara cubierta por la máscara espectro en la nieve. Por otro lado los mon-keigh habían conseguido reducir a las iniciadas y ahora las tomaban como prisioneras. Por su parte el comisario maniató a la exarca y la obligó a mostrar el rostro.

En los ojos de la mujer ardía la ira. Eran de un precioso azul, las facciones perfectamente esculpidas de la mujer denotaban una gran fuerza, cerró por un momento los ojos para contener su furia y escupió con asco al suelo. Altheniar no había visto tal belleza en muchos meses. El hombre se agachó y susurró algo a sus delicados oídos, sus orejas acabadas en punta eran también perfectas, y una hermosísima cabellera rizada del color del cobre caía ahora sobre sus hombros. La pusieron de pie y encadenaron a las demás. Mientras, los otros soldados descubrieron los rostros de las otras mujeres, una de ellas lo debió de ver. Con un leve gesto de los ojos señaló a su arma mientras la hundía en la nieve con un movimiento de los pies, mientras sus captores recogían las armas y los cuerpos de los caídos. Al poco llegó un vehículo donde se llevaron a las prisioneras, los cuerpos de los caídos y las armas.
Cuando se hubieron ido, Altheniar caminó sobre el campo de la refriega. Arcos dibujados con sangre teñían de escarlata la blanca nieve, cientos de pasos embarraban el lugar, más charcos escarlata estaban allí donde alguien había caído; como en un macabro dibujo, estiradas agujas de sangre marcaban por donde se habían arrastrado los cuerpos de los caídos. Caminó hasta donde la orgullosa mujer había enterrado el arma, la desenterró, con un cuidadoso ritual desactivó la protección que haría detonar la empuñadura, dejó que registrase su sangre como nuevo patrón y la colgó de su cinto. Seguir el rastro no sería difícil. No le preocupaba estar solo, al menos si moría, lo haría por la espada, no por la depresión.

A las pocas horas de viaje alcanzó la base de las mon-keigh, no era muy grande pero debía de albergar al menos a treinta hombres, una valla culminada con alambre de espino marcaba el perímetro y cuatro torres con focos reforzaban la defensa. Tres grandes barracones con sendas letrinas ocupaban el este de la base, una modesta oficina ocupaba el centro, un par de cobertizos protegían los vehículos en el oeste, en el norte un pequeño barracón parecía contener a varios prisioneros, frente a la entrada en el sur una bandera ondeaba y marcaba una especie de plaza, cerca de la entrada unas casuchas parecían dar cobijo a unos perros. No sería fácil entrar sin llamar la atención. Dedicó unos minutos a estudiar el terreno, calculó el tiempo que dejaban una patrulla de la otra en los puntos ciegos y cuando hubo ideado un plan se deslizó inapercivido hasta los canales de desagüe. Podría escurrirse bajo ellos hasta los barracones y bajo éstos esperar a la noche para librar a sus hermanas.


I see U in battle

domingo, 10 de agosto de 2008

La luna y la daga. I

El rechazo

            El concilio de brujos se hallaba reunido en torno al vidente Biel-Eltnail. La situación era complicada y la inminente batalla necesitaría del mayor poder que podía ofrecer el mundo astronave de Biel-tan, debían despertar al avatar. Ahora tenían que debatir quien sería el joven rey.

            Eltnail, creo que el más adecuado sería Altheniar, ese joven tiene demasiada rabia interior y, habiendo completado la senda del escorpión asesino, no sería bueno que medrase más o iniciase otra. Es vulnerable al caos.
            —Sólo es un joven con ardor guerrero —protestó la joven aprendiz Biel-Nathei.
            —Y vuestro amante, ¿o acaso creéis que el consejo no lo conoce? ¡Por el amor de Asuryan, lleva tatuados los versos de venganza de Khaine! Está condenado a traspasar el límite. Ésta es la forma de que al menos muera con honores.
            —Está bien, así será. Y tú, Nathei, no debes dejarte influenciar por los sentimientos.
            —Pero padre...
            —Ahora no soy tu padre, soy el vidente que vela por este mundo astronave. Sabes que debes aprender a diferenciarlo. El no hacerlo te vuelve débil.

            La noticia se hizo llegar al joven Altheniar que, privado de tiempo para despedirse, caminó vestido con la túnica del joven rey. La rabia galopaba por su sienes, azotado por el dolor y un regusto a traición que tapaba su ungimiento... ¡vaya un falso honor!

            Entró en la cámara y tras él se cerraron las puertas. Hacía un calor asfixiante. Caminó con paso firme por una estrecha pasarela; bajo ella un lago de metal fundido, enfrente el trono desde donde el avatar lo miraba inquisitivamente. Terminó la pasarela, caminó hasta el avatar e hincó una rodilla en el suelo, ofreciendo su arma, mirando al suelo. El calor evitó que una lágrima mojase su rostro.

            —Levanta, Altheniar. Y muéstrame esos tatuajes que te condenan a esta muerte.
Sorprendido, Altheniar mostró su pecho.

            —Oh, ¿cómo la mejor de mis poesías puede ser tan letal como mi espada?

            La voz del dios resonó jocosa y llena de un poder sin límites, sus ojos brillaban como ascuas en la noche. Acercó su mano ensangrentada al pecho del Eldar y grabó con sangre runas de odio en su pecho. Un dolor indescriptible lo obligó a curvar su espalda. Como una res marcada con el duro hierro, se desplomó dolorido.

            —Podría tomar tu alma y caminar a la batalla pero tengo algo más grande para ti. Sal, vive, y dile a esos cobardes del consejo que hoy sólo podrán valerse de lo que les instruí. Te culparán de ello, pero no seré yo quien trunque tu futuro porque alguien te envidie.
            —Como ordenéis, mi señor, eso haré.

            Altheniar caminó dolorido por la pasarela, arrastrando su fiel arma. Mal embozado en una túnica y no sabía si maldecido o bendecido por su dios. Lo que sí sabía es que ahora sería un paria, que no volvería a ver a su amada y que sólo le esperaba la senda del vagabundo. La ira brotó de él con un grito.

            El consejo no tardó en condenarlo, fue abandonado en un mal planeta, con sólo el equipo de un explorador. Ni su espada le habían dejado.