Aquí está el fruto del duro trabajo, mi primera novela en solitario. Ya puedo decir que soy padre y no os hacéis a la idea de la ilusión que me produce.
¿Qué es 850 Aniversario?
850 Aniversario es una novela cyberpunk ambientada en A Coruña en el año 2.058, con la Guardia Civil como protagonistas en la caza de un terrorista.
«Corre el año 2058 y la ciudad de A Coruña se dispone a celebrar el 850 aniversario de su refundación, pero una serie de atentados hacen que se estremezca. Ahora la sargento Isabel, al mando de una unidad de Guardias Civiles ciberpimplantados, debe dar cada al tormentoso retorno del rey Arturo y al mejor de sus caballeros.»
Una novela ágil, llena de acción y todo el sabor del cyberpunk.
¡ Aquí la tenéis!
En las próximas entradas os hablaré un poco como fue su creación, hoy sobre el proceso de corrección. Tema del que llevo un tiempo queriendo hablar y no pude por falta de tiempo.
Toda novela tiene varios tipos de corrección, la primera la ortográfica.
Como autor con mucho gusto por las faltas de ortografía esta es probablemente la que más tiempo me ha consumido. Ya antes de terminarlo cada capítulo tenía una par de correcciones y otra general. Con todo ello algo siempre se escapa. No, en serio, algunas cosas increíblemente obvias.
La siguiente es la corrección de estilo, aquí tengo algo más de suerte… garbo (cof, cof). Así que «solo» tuve que hacer una corrección por capitulo y otra general, aquí es donde las frases se pulen —por pulir quiero decir volver legibles—. Se corrigen otros defectillos y te das cuenta de que has hecho algo mal que arreglas —como que un personaje empieza la escena bebiendo una tila y acaba bebiendo una manzanilla—.
Ahí es cuando decidí que ya podía salir a batirse el cobre en la lid editorial. Mandé a mi novela a concursos, editoriales y un par de amistades. Con poco éxito, pero como anécdota os diré que había un personaje que cambiaba de nombre a mitad de capitulo (sí, estaba corregido, lo juro).
Tras esto «850 Aniversario» volvió a la carretera, nuevamente a editoriales y concursos. Esta vez quedó finalista en el premio Somnium de la editorial Mablaz. Que en las bases dejaba lugar a que se pudieran publicar alguna obra no ganadora. Hablé con ellos y se mostraron interesados.
Aquí es cuando pensareis «Bueno ¿ya está corregida, no?», no. Hice una nueva corrección general, les mandé la versión más depurada y allí volvieron a limpiarla. Ahí me pasó una versión previa, donde algo más se sacó. Este proceso se repitió en otra ocasión donde los problemas ya estaban solventados. (Seguro que hay alguna errata que esperó hasta ahora para ocultarse).
Esta última parte fue la más compleja, ya que alguna cosa no eran correcciones sino sugerencias. En mi caso fue fácil, dado que mi editor es una persona paciente (carita sonriente). Pero lo que «más» problemas dio fue la jerga de uno de los personajes, donde se sugirió cambiarla, poner una nota al pie… vamos diferentes soluciones.
Os cuento esto último porque puede sonar raro, pero una de las partes más importantes de un libro es la edición. Que es como una forja, donde se sacan las impurezas del material para que este sea de la mayor calidad posible. Y requiere cierta actitud crítica con uno mismo, saber valorar lo que se te dice como una ayuda, no como una ofensa y sobre todo saber defender con argumentos porque una cosa se hizo así y no de otro modo.
¡ Aquí podéis haceros con ella!
Con esto me despido, un saludo y recordad, la actitud lo es todo.
PD: Compartid esto y os querré un poco más.
sábado, 28 de mayo de 2016
viernes, 20 de noviembre de 2015
Yo leo fantasía en español
YO LEO FANTASÍA EN ESPAÑOL
Este proyecto comenzó en Mayo del 2015, en un local de Tribunal. Marta y Paula, nuestras protagonistas de la iniciativa, hablaban sobre la mala visión que se tiene de la fantasía en España, y de todos esos autores que daban su primer paso en el mundo editorial de la fantasía y se encontraban ocultos en la gran sombra de grandes literarios conocidos.
Por eso decidieron promover una iniciativa que contaría con el mejor recurso que se puede encontrar en este mundo: la buena intención y las ganas de los humanos. Blogs, autores, editoriales y asociaciones comenzaron a formar parte de un entramado que cada vez se hacía más grande y más grande. Paula y Marta, sorprendidas, no habían soñado nunca que esta iniciativa, en tan poco tiempo, llegase tan lejos.
Ahora la intención es continuar mejorando, hacer que esos autores ocultos salgan a la luz y se les conozca por su obra y por sus grandes ganas de trabajar y de compartir su entusiasmo por la literatura fantástica.
¿Qué propone la iniciativa?
Proponemos charlas, presentaciones, debates y cualquier otro evento que consiga una toma de contacto de los lectores y de los autores, un acercamiento a nuevos libros y nuevas historias menos conocidas. También queremos realizar eventos donde autores importantes compartan con los nuevos autores sus visiones y su interés. Desde la iniciativa abogamos por un acercamiento a los autores diferente, eliminando el formato más tradicional de presentaciones y haciendo que conocerlos sea otra historia más de sus libros.
¿Qué busca la iniciativa?
Autores comprometidos e interesados por enseñar sus novelas y hablar sobre ellas, bloggeros interesados en reseñar y participar activamente y lectores con ganas de ¡leer! mucho mucho mucho. Esta iniciativa se mueve gracias a vuestros comentarios, reseñas, opiniones y enlaces compartidos.
¿Cómo puedes ser parte de la iniciativa?
Tan sólo tienes que convocar al demonio sobre la colina más alta de tu feudo y encolerizar a los dioses. O también puedes acceder a nuestro formulario, en el que vamos a preguntarte si eres autor, lector y bloggero y de dónde eres, para saber en qué sitios podemos organizar cosas. También tienes nuestro email, por si quieres escribirnos de forma directa. Por ambas partes debéis rellenar cierta información que tendremos en cuenta :D
martes, 10 de noviembre de 2015
Promesas
—Nos prometieron un futuro
brillante, que estudiar sería la clave —Diana se llevó la cerveza
a los labios—. Pero lo único que aprendí fue a matar de manera
brillante —dejó el botellín vacío y se levantó a por otro.
La habitación se llenó de música
mientras ella volvía con dos cervezas frías, estiró una a su
compañera y volvió a hundirse en su sillón.
—Crecimos en una sociedad que salía
de una crisis, que recuperaba la esperanza y miraba a un futuro
incierto que comenzaba a dibujarse como un lugar mejor —suspiró
cansada—. Una búsqueda... una transformación en seres de luz,
pero solo vivíamos otro desengaño. Quedaban muchas facturas por
pagar y los acreedores querían sangre —su mirada se perdía en su
brazo de metal—. Y eso les dimos, porque el futuro brillaba con las
llamas de la decadencia. Nos fusionamos con la máquina, la abrazamos
para no morir. Nuestros miedos nos dominan, caemos en la
auto-complacencia y nos bebemos nuestras mentiras. ¡El futuro es
cromado! —exclamó sin demasiada convicción.
Sus uñas de metal habían ido aflojando la chapa que cerraba la botella con cierto descuido,
finalmente se desprendió. La botella pasó a la mano de carne y con
esta se la llevó a los labios. Mientras, su mano biónica doblaba
sobre sí misma la chapa hasta reducirla a un cuarto de lo que había
sido; con dos dedos la aplastó hasta dejarla plana.
—Esta es la buena, ya verás.
Un último pliegue la convirtió en
una pequeña pirámide, dejó a un lado su bebida y ayudándose de la
carne colocó la chapa sobre la muñeca. Estiró el brazo e hizo
puntería, la prótesis se abrió y con un golpe secó salió una
cuchilla tan larga como el antebrazo; esta lanzó la chapa contra un
tablón donde se clavó en su totalidad. Unos círculos hacían de
blanco, el impacto había quedado bien centrado y bien agrupado
respecto a los otros.
—Ahora todo eso ha terminado y nos
plateamos por qué hemos luchado tanto por un futuro que solo nos ha
entregado miseria, miseria de silicio y acero, pero miseria al fin y
al cabo —bebió un largo trago y terminó con un sonoro eructo—.
Ahora nos prometemos un futuro brillante, donde estudiar sea la
clave. Pero yo me pregunto si ese brillo será el reflejo del fuego
sobre el metal o de las luces de neón sobre la carne, o simplemente
que dé igual porque hasta que no seamos seres de luz, esos seres de
luz a los que deberíamos aspirar a ser, viviremos en un desengaño
constante; como polillas hechizadas por una luz al otro lado de una
ventana en la que no dejamos de chocar —el chasquido de su brazo al
cerrarse llenó su pausa—. Quizás solo hagan falta suficientes
muertos contra esa barrera invisible para que se resquebraje y algún
día lleguemos a esa luz para descubrir que solo era otra promesa
más —Diana se encogió de hombros y volvió a beber, esta vez se
guardó sus pensamientos para sí.
domingo, 25 de octubre de 2015
Nunca se gana
Vladimir era un ucraniano que
cumpliría los treinta y seis dentro de dos meses. Para disgusto de
su familia paterna nunca se posicionó con los prorusos, lo que
granjeó amigos y enemigos por igual. El único rastro de aceptación
lo encontró al alistarse en el ejército, algo de lo que no tardó
en arrepentirse porque, en 2036, estalló la guerra contra el
fanatismo. En el mar de Azov
había tantos cadáveres que se podía caminar sobre las aguas; él
estaba allí con su patriotismos y un AK frente a un enemigo que lo
odiaba por ser protestante. No tardó en perder la fe en la patria,
ya que siempre fue ateo.
Fue en ese lodazal
sangriento cuando conoció a Ivan, un oficial dispuesto a ganar
aquella guerra. Combatió el fuego con fuego, fue uno de los primeros
en darse cuenta de que aquella guerra no podría ganarse sin algunos
crímenes; muchos creyeron que no tenía alma, pero la realidad es
que la sacrificó para formar una sólida defensa.
Años después
Ucrania les pagó una miseria, les colgó un puñado de medallas y
los nombró salvadores de la patria. Ivan, Vladimir y Sergei se
vieron con una mano delante y otra detrás, pero Ivan era un demonio
astuto dispuesto a sobrevivir a lo que viniese. Juntó a quien
estuviera dispuesto a seguirlo y creció rápidamente en el próspero
negocio del tráfico de armas.
Dos años después,
en 2050, Vladimir era su mano derecha y tenía el encargo de hacerse
con el acceso al océano Atlántico. Viajo hasta la piel de toro,
aprendió su lengua y comenzaba a hacerse fuerte en A Coruña, hasta
ahora.
Acababa de toparse con la reencarnación de los tercios viejos o
simplemente a alguien más loco que él. Le habían jodido y en el
proceso había pasado a cuchillo a su ejército personal. Ya no tenía
fuerzas para presionar y tuvo que aceptar las migajas que aquel
gilipollas le ofrecía.
Se alisó la
americana y miró la carta; no sabía qué esperaba encontrarse en
aquella pizzería aparte de pizzas. Pasó los ojos de forma vaga por
la carta y mandó a sus chicos a pedir, pues él debía hacer una
llamada. Sacó su teléfono, suspiró sabiendo lo que venía y marcó.
—Hola, ¿Ivan?
—alguien respondió al otro lado—. Tengo noticias, algunas buenas
otras malas —una mueca cruzó la cara de Vladimir—. Sí, señor.
Las malas son que he perdido a casi todos los hombres, aún no sé la
cifra exacta. Nos han expulsado de casi todos los mercados —apartó
el teléfono esperando gritos, pero solo recibió una voz fría y
cortante—. Señor, tenemos la exclusividad de las armas siempre que
no sean nada NATO, no debería ser un problema ya que terminamos con
ese material —la voz de Ivan se relajó—. Sí, señor. Me
encargaré de que tengan un entierro digno. Murieron luchando señor,
su pundonor está intacto —Ivan colgó.
Vladimir se frotó
el rostro y permaneció en silencio esperando su cena.
jueves, 10 de septiembre de 2015
Todo tiempo pasado fue mejor
La luz se refractaba a través del
líquido ambarino para acabar proyectándose sobre la madera
cuarteada y combada de la barra. Unos dedos parsimoniosos hicieron
girar el vaso sobre su eje dibujando un circulo húmedo. Esos mismos
dedos lo elevaron por el aire hasta verter su contenido entre dos
labios pálidos; el líquido pasó calentando el paladar y enfriando
el alma. La lengua se deslizó entre los labios y los dedos
devolvieron el vaso a la barra con un empujón que borró el circulo
de la mesa y lo transformó en un trazo de caos.
Rascó la cartera, tiró sobre la
barra unas monedas que bailaron con destellos de plata y bronce.
Mientras se encaminaba a la puerta se cruzó con el camarero que se
afanaba en cargar la cesta del lavaplatos y con un gesto de la cabeza
le dijo:
—Te dejo eso encima de la mesa,
quédate el cambio —el camarero asintió y siguió a lo suyo.
Ya en la calle sacó el paquete de
tabaco, lo golpeó contra sus dedos, tomó el más prominente de los
pitillos con sus labios y cambió el paquete por el mechero. Prendió
el cigarrillo cubriendo la llama con las dos manos, dio la primera
calada y soltó el humo por la nariz, mientras guardaba el mechero.
—Ya no hacen camaretas como antes...
—se lamentó para sí.
Caminaba calle abajo quemando su salud
en bocanadas de humo y resoplando con desprecio a todo lo que veía e
interpretaba de la peor forma posible.
—Mira esos pimpollos besuconeándose
por ahí... esta juventud.
Dio una larga calada, sus pulmones se
anegaron de nicotina a lo que su cuerpo reaccionó tratando de
liberarlos con una fuerte tos. Fue el centro de atención de las
pocas personas que caminaban por la calle a esas horas, que se
olvidaron de él en cuanto se repuso con un último carraspeo. Miró
a su pitillo, lo tiró al suelo y lo pisoteó:
—Ni el tabaco es lo mismo, ¡ya no
se puede ni fumar! ¿Es que no queda nada bueno en este mundo?
lunes, 24 de agosto de 2015
Sobre camas, haikus y Bukowski
Hoy me tomo la libertad de cambiar el tono del blog. No lo toméis muy en serio.
¡Oh, cama mía!
De blancas sábanas y blanda almohada.
De regio cabezal y profuso aplauso.
¿En dónde yacería yo?,¿dónde si no
fuera en ti?
De amplio entorno, extenso territorio.
Llanura cálida donde rodar, soñar y
sudar.
¿Dónde descansaría yo?,¿si no fuese
en tu abrazo?
***
Lubricar el pene con tequila.
Blanco escozor.
Vertimiento profundo.
miércoles, 15 de julio de 2015
Corre, ve y dile
La llama del mechero rasgó la oscuridad oculta tras una
mano. Un par de caladas y el cigarrillo prendió. Ahora, el ascua flotaba como
un punto de luz en medio de la habitación.
—Enciende la luz y no fumes en la cama —se ordenó a sí
misma.
Con su pie descalzo reguló la luz para no deslumbrarse. Fue
hasta la ventana, pulsó un botón y el cristal se volvió transparente. Pulsó un
segundo botón y los titulares aparecieron en el cristal. Los fue pasando con
gestos de la mano mientras consumía su cigarrillo. Llegó a la sección de
sucesos locales y dejó salir un suspiro cargado de humo.
Apagó el servicio de noticias, se puso unos pantalones y
se calzó. Ya en la calle tiró la colilla en un sumidero y puso en marcha su
coche. Las luces nocturnas se iban reflejando sobre el parabrisas del vehículo
y su luna se extendía hasta el techo, confiriéndole una gran visibilidad.
Cuando llegó a su destino se acercó caminando hasta el
“Dark Caiman”, un restaurante con pista de baile que conoció mejores tiempos.
El cartel de neones zumbaba con cada parpadeo en una calle cubierta de charcos
y carente de personas. Por dentro
padecía esa vejez que hace parecer a las cosas sucias. Buscó una mesa donde sentarse
y pidió sin consultar la carta.
Antes de terminar la cena le entregaron un sobre con una
foto dentro. Según iba sacando la imagen, en tres dimensiones, cogió volumen. A
la foto le acompañaba una tarjeta desechable con sus honorarios y una
dirección.
Terminó la cena y regresó a su coche; desde allí fue a la
dirección indicada y recogió el paquete. Rodando a gran velocidad sobre el asfalto
vio por el retrovisor cómo se acercaba a su zaga otro coche con las ventanillas
oscurecidas en su cara exterior.
—Hora de ganarse el sueldo —aceleró el vehículo.
El motor gruñó mientras ganaba velocidad, pero no era
suficiente; el otro coche era igual de
potente. Buscó despistar a su perseguidor con un volantazo, así que hizo un
giro inesperado a la izquierda. Los neumáticos rechinaron sobre el pavimento y
las hojas de un seto cercano se mecieron con el paso del segundo vehículo, que
logró el giro a duras penas.
Corrían por una calle estrecha; aquello fue la
oportunidad para recupera la velocidad perdida. Se lanzó a ciegas por un cruce
transitado, pero esto no logró intimidar a su perseguidor.
Realizó un nuevo giro para cambiar de dirección, marcando
el asfalto con los trazos paralelos de la goma; otro acelerón en la recta y
enfiló un cambio de rasante mientras las luces nocturnas se volvían un borrón
de colores y su vista solo veía un túnel frente a ella.
El instante en que el coche voló sobre el cambio de
rasante fue eterno. Se cortó por un brusco aterrizaje. Oculta por ese desnivel
tomó un último giro y se deshizo de quien la siguió durante unos intensos minutos. Luego entregó su
carga.
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