jueves, 16 de abril de 2015

Diario de aventura

Undécima Jornada

            El gremio volvió a requerir mis servicios para trabajar con los portales. Buscaban una forma de abrirlos a otros lugares; ensayo y error, básicamente. A muchos nos mantenían alejados de la guerra que se desarrollaba en aquel lugar, alegando que no era asunto nuestro. Se ve que no quieren la ayuda de Tyr, dios de la guerra, así que estuve bastante aburrido con esos experimentos. Conociendo ya las bases para abrir los portales más frecuentes, así como crear una gema para abrirlos poco más podía hacer por allí. Lo más importante es que he mejorado mucho en el ajedrez dramático que juego con Eonus.

            Así, entre jornada de tedio y jornada de tedio, apareció un reclamo en el tablón de anuncios que me reunió con mis compañeros de armas —Crufiwuë, Brakar, Harald— y dos nuevas incorporaciones: Dara, la segunda mujer que admitía el gremio —me planteo si son tan necios de aplicar políticas machistas en la admisión de nuevos miembros— y Esterben, un hechicero nacido de la falta de sentido común. La pagadora era alguien ajeno al gremio, la capitana Valeria, que buscaba valientes para atravesar las tierras muertas. De no ser por la presencia del hechicero Estela, la inconsciencia de Valeria me llamaría mucho más la atención.

            Con un magnifico plan de avanzar en línea recta y a ciegas, Valeria se creía en posición de prejuzgar a mis compañeros —supongo que mi sangre azul o, simplemente, mi condición de clérigo frenaron su lengua—. Casi lo olvido, todo esto con la bendición de Heironeus y sus clérigos del valor —el valor de unos pies rápidos supongo—. Así que, con una larguísima comitiva, caminamos sin mejor plan que ir en línea recta por un páramo de cenizas envueltos en una niebla increíblemente densa, que incluso dificultaba poder oír con claridad.

            Así dimos, sorprendentemente, con la torre de Ahm —el primer gran ilusionista de los hombres, tras liberarse del yugo de los elfos—. El lugar no solo se encontraba conservado en perfectas condiciones, sino que estaba habitado por unas gentes que semejaban ser autómatas.

            Antes de seguir voy a aclarar que la brevedad con la que trataré el tema se debe a que una transcripción completa de las conversaciones resultaría impracticable.

            Allí conocimos al supuesto Ahm, digo supuesto porque debería ser un hombre de casi mil años de edad, y comenzamos a indagar por el lugar. Muchas conversaciones después y la vigilancia de un “viejo amigo” —vino de polizonte— por mi parte. Causando cierto caos acabamos por desmontar la ilusión del lugar.

            Insisto, soy así de escueto porque la gran parte de las acciones y conversaciones tuvieron lugar de formas simultáneas haciendo que no estuviese presente en su mayoría, y no porque quebrar un hechizo de tal poder nos resultase sencillo, no se debe subestimar la obra de Loki.

            Nos vimos abriéndonos paso hasta el sótano de la torre, ahora en ruinas, para hacer frente a lo que quedaba de Ahm. La lucha fue atroz, diferentes sabuesos infernales acudieron al combate y descubrimos por la vía dura que Ahm no solo dominaba las artes arcanas sino que era un guerrero muy capaz. Como dije, Loki sabe muy bien a quién hace enloquecer para que lo sirva, pues Ahm era víctima de la locura.


            Mientras, nosotros seis dábamos muerte a los sabuesos del infierno y lográbamos apresar a Ahm, algo que casi cuesta la vida de mis compañeros. La veintena de siervos de Heironeus fueron masacrados en una victoria pírrica contra otros dos de esos sabuesos. Como ya he dicho, no todos los dioses pueden proteger a sus siervos como lo hacen los hijos de Odín o, en mi caso concreto, Tyr.

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