jueves, 16 de abril de 2009

La herencia perdida VIII

Bueno, aunque no mucho, algo e escrito en semana santa. Y si a sido en Lagrimas de Neon. Gracias a todos por participar en la encuesta, menos a Teodrak, que voto 2 veces en que lo dejase ¬¬.

Día 7

Durmiendo apaciblemente y abrazados los cogió el día hasta que éste estuvo bien entrado. Con la caricia de la brisa del medio día Grimor entreabrió los ojos, por cómo incidía la luz del sol, debían de pasar unas horas del medio día, por eso y por cómo rugían sus tripas de hambre. Se escabulló de los brazos de su amante para deslizarse hasta la cocina donde preparó algo para desayunar. Miró a su alrededor y no vio nada que pudiera darle un toque más pasteloso al aspecto del desayuno, así que colocó con cuidado los platos y salió a la calle a por una flor. Sabía que ese tipo de tonterías les gustaban a las mujeres, pero no tardó en arrepentirse: Primero porque la puerta se cerró tras él haciendo mucho ruido, segundo por estar descalzo, tercero porque no tenía dinero y cuarto porque los adoquines de la calle hervían, además por la ubicación de la calle el sol caía a plomo por toda ella. Así que corrió dando brincos en círculo mientras buscaba alguna piedrecilla para tirar a la ventana entreabierta.

Cuando cogió una la lanzó con gran precisión, con la suficiente como para darle en la cara a su compañera, que había asomado a la ventana al oír el portazo.
-Upz… ezto… yo…
-Duele sabes, casi me das en un ojo. ¿Qué haces ahí fuera?
-Zi me abrez te lo explicaré todo con detalle. Pero déjame entrar.
La puerta de la casa se abrió, a lo cual Grimor entró a la carrera hasta lo primero que vio que le sirviera de asiento. Allí y entre soplidos a las plantas de los pies, relató:
-Zalí a por una flor para darte loz buenoz díaz, pero resulta que me dejé el dinero y el calzado dentro…
La mujer rompió a reír.
-Claro y para compensarlo me apedreas la cara. Estás hecho todo un seductor… seguro que a la segunda pedrada no se te resisten.
-JOOO, yo no zoy malo. Zólo dezcuidado.
-Bueno, creo que hoy no me regalarás una flor. Ya me has alagado bastante con la piedra en la frente. Sólo me pregunto qué harás si tienes que regalar algo más voluminoso. A ti los amigos no te invitan a los cumpleaños, ¿verdad?
-Puez la verdad zí… y miz regaloz zon ziempre bien rezibidoz
-Rezaré para que no me regales un carro.- dijo mientras le echaba la lengua.
-Bueno, pero preparé el desayuno.
-¡Qué corte!, hasta me acostumbraría.
-Puez no veo que sea para tanto.

Tras un dilatado y pasteloso desayuno, Grimor se vistió para salir en busca de sus otros compañeros de aventuras. Se suponía que hoy era el último día que necesitaba Al´elthanor para sus hechizos, por eso pasó primero por la casa de éste para ponerse su armadura y demás pertrechos. En cuanto cargó al hombro el espadón un insufrible punzón psíquico se le clavó en la mente haciéndole hincar la rodilla en el piso.

-¡Sucio bastardo! ¡¿Acaso crees que este es el comportamiento de un noble?! ¡Deberías estar de camino al trono, no en esta maldita ciudad humana! ¿Y qué es eso de dejar tus bártulos en casa de un desconocido, emborracharse, mujeres… ? ¡¿Acaso crees que puedes hacer lo que se te antoje?!
Grimor aferró con fuerza su capa de protección para sacar las fuerzas necesarias para expulsar la aguja de su mente.
-No soy un bastardo, no soy un noble, estoy de camino, Al´elthanor es mi amigo. Bebo porque me gusta, disfruto de las mujeres porque me place. Y por supuesto que puedo hacer lo que me plazca. Nací libre y así pienso morir y ni tú ni el diablo que te forjó conseguiréis que esto cambie. Haré lo que quiera cuando quiera.- dijo mientras se alzaba arrogante lanzando una furibunda mirada al arma. Ésta brillaba tenuemente con un apagado granate, sobre su filo negro brillante las almas atrapadas dentro revoloteaban atormentadas. En los zafiros de la guarda había veces en las que se percibía la profunda mirada de alguien extremadamente poderoso, que dotaba de conciencia al arma. Su funesta empuñadura envuelta con unas férreas tiras de cuero que apenas conseguían retener una maldad que hendía las manos con sólo sostenerla, estaba coronada por un rubí tan oscuro que parecía una gran gota de sangre.
-No siempre tendrás esa capa para protegerte… algún día estarás indefenso.
Rugió el poderoso vozarrón, seguido como siempre de los susurros inteligibles de un centenar de voces.
-Un día sabré como destruirte sin liberar semejante cantidad de almas malignas.- gruñó, sosteniendo la enigmática mirada que se formaba en la amatista.

Tras pertrecharse, salió a buscar a Sebastián y Eleina. Caminaba furioso, abriéndose paso entre la multitud sin un atisbo de delicadeza, continuó así asta alcanzar la posada donde la había encontrado unos días atrás. Esperó de pie y malencarado a que ésta terminara su función, luego caminó hasta ella para decir tajantemente que debían prepararse y equiparse. Así que él iría a por los materiales acordados mientras ella conseguía una cantidad de provisiones. También esperaba que Sebastián hubiera conseguido los caballos. Aprovechó la ocasión para comunicar la presencia de un nuevo miembro en el grupo. Luego entregó el dinero prometido a Eleina y se marchó a recoger a la mujer orco, que seguía sin recordar su nombre, para que lo acompañara por el mercado como había prometido la noche anterior.

Cuando hubo acabado se reunió con todo el grupo en la casa de Al´elthanor. Llegado el momento se limitó a nombrar a los otros miembros del grupo con la esperanza de que así al fin descubriese el nombre de la mujer.
-Bien y éze ez Sebastián. Será el clérigo del grupo.
La mujer orca sonrió con amabilidad y añadió:
-Bueno, ya que no os lo ha dicho, mi nombre es Draxorda Leignat, pero podéis llamarme Drax. También deciros que soy una modesta cazadora, así que podré cumplir con la tarea de exploradora. Además de una buena geógrafa, sólo que apenas tengo experiencia más allá de haber cazado un puñado de animales, normalmente mis misiones eran de rastreo, o guiar a alguna caravana. Pero bueno, Grimor me dijo que no habría problema en que me uniera.
Se sorprendió al ver las caras de sorpresa cuando dijo esto, pero las posibles críticas fueron acalladas por una penetrante mirada de Grimor.
-Bien, mi amigo, eztá todo lizto. ¿Haz acabado con lo que teníaz entre manoz?
-Sí, y tendrás que acompañarme a un mal lugar. Yo me he preparado para esa gesta.
-De acuerdo, elloz terminan de empaquetar todo y ze van conociendo mientras.
-No tardéis, que debemos estar descansados para mañana.- añadió Eleina.

Los hombres recorrieron las calles medio vacías de la tarde noche, recorrieron como el rayo la ciudad hasta llegar, ya con la noche bien entrada, a un oscuro callejón de un buen barrio.
-Aquí es. Mis investigaciones dicen que está en el tercer piso.
Grimor no dijo nada y reventó con algo de cuidado la cerradura de la puerta con su daga. Luego empuñó su gran hacha. Este enorme hacha lo consiguió en uno de sus viajes interdimensionales al combatir contra una poderosa demonio, ayudado por un enjuto caballero que falleció al derrotar al súcubo de enorme poder. Las últimas palabras del hombre fueron que empuñara su arma para continuar con su buena causa. La había bautizado ragnarok, un nombre un tanto recurrido, pero hasta la fecha le había servido bien. Pero en esta ocasión se quería beneficiar de una de sus aptitudes que hacía que muchos ataques bien dirigidos fueran fallados. En la oscuridad un manto de sombras lo envolvía, si era la maleza, estas sombras pasaban a ser hojas, y así sucesivamente.

La pareja caminó en silencio mientras se dirigían a las escaleras que los llevarían al piso superior. Cuando llegaron a las escaleras y pisaron el primer escalón éste crujió ruidosamente seguido de un fuerte grito.
-Es un trampa mágica, se han alertado.
Dijo Al´elthanor. Casi en ese instante entraron en la instancia un puñado de hombres armados que rodearon a la pareja. En lo alto de la escalera se dejó ver la silueta imponente de un hombre, que caminó hacia la tenue luz que ahora inundaba el piso inferior. Era alto y de buena constitución, llevaba el pelo corto y una frondosa barba, vestido con una túnica de colores oscuros que arrastraba levemente por el suelo.
-Al´elthanor, ¿pensabas que tus hechizos de adivinación no serían detectados, acaso? Juraría que te prohibí tajantemente acercarte a mí y mis relaciones.
La pareja se colocó espalda con espalda mientras giraban lentamente para controlar a todos los asaltantes.
-Martin, ¿acaso crees que permitiría que salieses indemne de tus actos?
-¿Y qué piensas hacer… darme una reprimenda?
-Justicia, asesino.
-¡Matadlos!- gritó el humano, para acto seguido comenzar a conjurar.
Grimor descargó un potente golpe al primer asaltante que cercenó su brazo derecho y se hundió entre sus costillas hasta más allá de la mitad de su tronco; con un rápido movimiento de sus manos el arma dio un giro en el aire y fue a enterrarse en el cráneo del segundo asaltante, para luego hacer girar el arma sobre su cabeza y cortar las piernas de otros dos de los asaltantes y encararse a los otros cuatro hombres restantes.

Un rayo mágico atravesó el torso de Grimor, que gruñó de dolor, Al´elthanor conjuró una llamarada que no dejó lugar a esquivas por parte de Martin, y los otros cuatro asaltantes se abalanzaron sobre Grimor para derribarlo. Éste los detuvo con firmeza y derribó a uno de ellos, para esparcir sus sesos por el suelo de un potente pisotón que hizo retumbar el suelo; luego descargó un hachazo en el pecho del siguiente haciendo volar sus dos mitades a una esquina e impulsándose para placar al tercero, empotrándolo contra una pared. Los huesos del cuerpo del hombre crujieron y se rompieron mientras su boca se encharcaba de sangre. Con su brazo agarró al último asaltante y lanzó un cabezazo que destrozó su tabique nasal haciéndolo trastabillar hacia atrás.

Martin volvió a conjurar y formó ante él una burbuja de energía. Al´elthanor respondió conjurando un hechizo para hacerla desaparecer. Grimor alzó su hacha y seccionó una de las traviesas que mantenían el segundo piso y las escaleras provocando que este se desplomase sobre el aturdido asaltante y haciendo perder el equilibrio a Martin. Al´elthanor lanzó un hechizo que derribó por completo al mago, haciéndolo caer a los pies de Grimor, a lo cual éste añadió un contundente puñetazo que sacudió la mente del mago.

Al´elthanor, cogiendo un ónice, convocó una espada de la nada. Luego caminó hasta Martin.
-¿Dónde está retenida?
-Vas mal encaminado si esperas que te lo diga.
-Tu alma a cambio de la suya… es un trato justo.- dijo mientras hundía hasta la empuñadura el filo, a la vez que lo miraba con odio a los ojos. Eran el reflejo del miedo y dolor, se podía oír el gemir de su alma al ser arrancada de su carcasa mortal. Cuando ésta termino de salir el cuerpo de su enemigo se apergaminó en un lento y desgarrador gemido. Ahora en la mano de Al´elthanor se hallaba un brillante ónice.

-Vamos, debe de estar en el piso de arriba…- dijo mientras trepaba por las maltrechas escaleras.
El tercer piso gozaba de mejor salud, así que pudieron caminar con seguridad. El rostro del elfo reflejaba la furia desatada con los ojos inyectados en sangre y el pulso disparado; una delicada vena se hinchaba en su sien. Cuando entró en el cuarto del mago no pudo retener un grito de dolor. Allí, sobre la mesa una extraña máquina adornada con una miríada de ónices refulgía.
-¡Por los dioses! ¿Qué desalmado podría condenar a esto a tantas personas?- dijo el mago elfo mientras examinaba el artefacto con cuidado. Era obvio que no se debían arrancar las gemas o acarrearían la destrucción del alma encerrada.
-Grimor, esto es terrible. No sé cómo detenerla y lo más seguro es que consuma lentamente las almas encerradas. ¿Qué puedo hacer?- sollozó cayendo de rodillas, mientras miraba a su amigo con los ojos empapados en lágrimas.

Grimor se aproximó al artefacto, lo observó, recogió el ónice de las manos de Al´elthanor y lo ajustó en una ranura libre de la maquina.
-Paze lo que paze, zi yerraz, al menoz una de las almaz habrá pagado zu merecido. Ahora levántate, coge este trasto y detenlo. Tiene que haber planoz o algo azí por aquí.
Profirió completamente asentimental, luego se giró y comenzó a buscar entre los volúmenes de las paredes algo que pudiera ser lo mencionado. Al´elthanor se incorporo apenado y comenzó a tejer un hechizo de adivinación. Al poco se dirigió a un estante, tiró los libros que allí había al suelo y abrió un doble fondo. Extrajo los papeles y comenzó su estudio. Pulsó una de las gemas y la máquina pareció detenerse.
-Este artefacto consumía las almas de criaturas vivas para prolongar la vida del que luego las devorase.

Siguió con cuidado extrayendo los ónices según indicaba el plano. Se giró y añadió:
-Destrúyelos, eso liberara las almas encerradas. Luego iremos al templo, allí un clérigo tendrá que comunicarse con estos espíritus, para confirmar que han sido liberados… a menos con el de mi amada.
Cuando decía esto, las lágrimas recorrían sus mejillas nublando su vista. Grimor pulverizó las piedras con un mortero y por cada una que liberaba se oía una leve cacofonía de agradecimiento.

Al acabar con todas fueron al templo. Allí el clérigo intentó una vez más revivir a la mujer elfa. Ante ellos se formó de unos diamantes el cuerpo de una hermosísima mujer elfa, que pareció despertarse de un profundo sueño. Tragando agónicamente aire como si le faltara, tras unos segundos empezó a darse cuenta de donde se encontraba.
-Al´elthanor… ¿Qué ha sucedido?
El elfo le ayudó a sentarse sobre el altar donde se había regenerado el cuerpo mientras la cubría con su capa.
-Vidalia, ahora ya nada. Estás a salvo.
-Recuerdo que me mataron, y haber yacido en un lugar de oscuridad inmóvil.
-Tu alma fue atrapada hará unos meses. Grimor y yo fuimos a recuperarla. Martin quería tu alma para rejuvenecerse.
La mujer sollozó y Al´elthanor la abrazó con fuerza.
-Tranquila, ya pasó todo, ahora estás en buenas manos. Recuerdas que te prometí que te protegería de todo.
Ella asintió
-Pues así ha sido. Además hemos encontrado a tu hija.
-¿Eleina está bien?
-Sí, debería estar en mi casa. No sabe a qué hemos salido, pero no te apetecería verla.
Tras esto caminó junto a ella hasta su casa, donde le dio ropa y comida hasta que recuperó algo de color. Eleina no cabía en su asombro, y más aun cuando se le explicó quien había sido Al´elthanor, tras una dilatada cena de rencuentro todos se retiraron a dormir, con unos nuevos planes. Debían recuperar el equipo Vidalia, que había accedido a unirse al grupo para proteger a su hija, bajo la insistencia del mago elfo.


I see U in Battle

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